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Algo sobre mí

Algo sobre mí

Empleado de banca jubilado, amante de la música y la literatura, la naturaleza y las humanidades. Nacido en Guadalajara y conocedor ferviente de la provincia. Actualmente con residencia en Madrid, después de un largo peregrinar por diversas ciudades en razón a mi profesión; que ahora con ilusión trato de vivir esta nueva aventura, pues siempre he creído que la providencia nos ha dado el sueño y la esperanza como compensación a los cuidados de la vida.

21 agosto 2017

ATIENZA




“Aquel niño contaba con cuatro años cuando a la muerte de su padre Sancho III,  en el año 1158, le sucedió bajo el título de Alfonso VIII. Fueron designados, como tutor, Gutiérrez  Fernández de Castro, y como regente a Manrique Pérez de Lara, notables y poderosas familias nobiliarias. Aprovechando las circunstancias por la corta edad del heredero, su tío, el rey leonés Fernando II intenta usurparle el trono de Castilla. A ello se opone la noble familia de los Lara que, después de numerosas odiseas y vicisitudes, con el acoso de las huestes del citado rey, huye a Soria con el rey niño donde permanecerá hasta 1162, refugiándose en la fortificada villa de Atienza, que será sitiada al negarse sus habitantes a entregar el niño a su tío”

“El día de la Pascua de Pentecostés, sale de la villa, en la que estaba acogido el rey niño, una expedición de arrieros en viaje de negocios, que al llegar a la ermita de la Virgen de la Estrella notan la presencia cercana de las tropas leonesas que les persiguen. Entonces camuflan al rey niño entre sus mercadurías y permanecen bailando, como trampa, ante la ermita de la Virgen de la Estrella, burlando al ejército leonés. Después  prosiguen su camino sin ninguna consecuencia hasta la ciudad de Ávila durante siete días de camino.”

“En la mayoría de edad de Alfonso VIII, su principal preocupación fue la lucha contra los almohades, y su victoria en la famosa batalla de Las Navas de Tolosa, junto con las tropas del Rey II de Aragón y Sancho VII, el Fuerte, rey de Navarra, fue decisiva para los cristianos estableciendo los límites futuros de expansión por los territorios musulmanes.”

A nuestro célebre viajero, gran amante de Guadalajara y su provincia, hacía tiempo que tenía ilusión por conocer las tierras del norte, y en particular Atienza. Había sentido curiosidad por la famosa fiesta popular llamada La Caballada, ocho veces centenaria y que la referida villa celebra el Día de Pentecostés, rememorando los hechos históricos reseñados anteriormente, que tenía anotados en su famosa agenda de viajes.


La Caballada, Cofradía de la Santísima Trinidad, creada por los arrieros atencinos en el siglo XII, por su larga historia es reconocida a nivel nacional. Se rige por unas ordenanzas concedidas y firmadas de puño y letra por Alfonso VIII. La leyenda cuenta que el propio rey debió presenciar en persona alguna vez, durante las temporadas que pasó en Atienza con motivo de la construcción del segundo cerco de murallas.

La fiesta, declarada de Interés Turístico Nacional, se inicia en la víspera de Pentecostés con toda solemnidad y posteriores actos dignos de presenciar, destacando desenfrenadas carreras de los cofrades en sus caballerías, y el paseo, a son de dulzainas y de tamboriles hasta la ermita de la virgen de la Estrella en recuerdo de aquel hecho histórico que realizaron los antiguos arrieros de la villa. Los cofrades visten capa castellana e indumentaria de la época. Al caer la tarde se corren los caballos, por parejas, en los bajos de la villa.

La Caballada

La realenga villa de Atienza, situada en el norte de la provincia, tiene una población de unos quinientos habitantes, incluyendo la de sus lugares anejos. Ya existía en la época celtíbera, ciudadela ubicada en sitio estratégico, conquistada después para Roma por los ejércitos de Escipión. En el siglo X, en tiempo de los árabes, fue arrasada por Almanzor, que después levantaron nuevos muros los propios musulmanes, además de una fortísima alcazaba sobre las peñas que circundan la villa.

En el siglo XI, el rey Alfonso VI incorpora la villa al reino de Castilla, llegando  su máximo esplendor en  la segunda mitad del siglo XII, en tiempos del rey Alfonso VIII,  en agradecimiento por haberle liberado siendo niño de las intenciones aviesas de su tío el citado rey de León. Se volcó en dádivas y privilegios, destacando el segundo cerco de murallas y la construcción de varias iglesias románicas, de las que quedan siete en la actualidad, restauradas a través de siglos posteriores.

La villa tuvo de huéspedes a ilustres personajes, entre ellos el rey Felipe V al que la villa de Atienza ayudó durante la guerra de Sucesión. En ella también se asentaron los cuarteles generales del General Castaños, y del guerrillero llamado El Empecinado, que realizó importantes proezas bélicas  contra los ejércitos franceses durante la Guerra de la Independencia.

Nuestro viajero conocía la importancia que tiene Atienza, no sólo a nivel provincial, también por su larga historia, sus bellas iglesias, palacios y mansiones acordes con su rango, siendo considerada monumento nacional en su conjunto.

Calle de Atienza

Decidió salir temprano de su domicilio en Madrid, pues tenía intención de hacer parada en la villa de Jadraque para desayunar y después acercarse a visitar la famosa Saleta, en la mansión que fue del hacendado Juan Arias de Saavedra, quien acogió en su casa a su amigo el escritor, jurista y político Gaspar Melchor de Jovellanos, nacido en la ciudad de Gijón. En el año 1808 estuvo cumpliendo destierro en el castillo de Bellver, en Mallorca, al que le llevó Godoy por razones políticas, y a su regreso a la Península, después de su reclusión, ya enfermo y envejecido, decidió aposentarse en la referida casona para descansar y recuperarse de la enfermedad que le acuciaba.

Panorámica de Jadraque

Debe la fama de la citada Saleta, al haber sido decorada por el secretario de Jovellanos, el distinguido pintor Martínez Marina, en la que también intervino la paleta del inmortal Goya, que había llegado a Jadraque procedente de Madrid, por ser también  amigo de Arias de Saavedra y de Jovellanos, a los que inmortalizó pintando a cada uno, cuyos cuadros actualmente se encuentran en el Museo del Prado en Madrid.

Jovellanos estuvo en Jadraque durante más de tres meses, y allí quedó hasta la fecha la famosa Saleta, como muestra de la presencia de los dos personajes y de su relevante amigo Arias de Saavedra, testigos de la historia por el papel relevante que tuvieron en sus vidas.

Nuestro amigo quedó encantado por la visita y decidió acercarse con el coche hasta el  monumental castillo llamado del Cid, pues desde su altura se obtiene unas maravillosas vistas, con las sierras del norte de la provincia al fondo.

castillo de Jadraque

Parece ser que fue una importante fortaleza medieval en época de los árabes, de lo que quedan escasos vestigios. Enclave estratégico fue testigo del caminar del Cid Campeador, y tuvo mucha importancia durante la Reconquista, pero fue devastado por diversas contiendas a lo largo de su historia. En el siglo XV, el señor del lugar y obispo de la diócesis de Sigüenza, además de Gran Canciller del Reino, el cardenal Pedro González de Mendoza, fue el que se dedicó a la reconstrucción del castillo en la estructura que ha llegado hasta nuestros tiempos, no obstante haber sufrido devastaciones posteriores. El Ayuntamiento de Jadraque, actual propietario, ha venido realizando diversas obras de rehabilitación con el fin de ser un icono para el turismo de la villa.

Nuestro viajero quedó admirado ante el impresionante castillo allí erigido, si bien en sus interiores se siguen obras de rehabilitación, por lo que se deja a la imaginación del visitante la grandeza que debió de tener en los principios de su historia, especialmente cuando gozó de mayor esplendor por aquellas tierras en vida del citado cardenal oriundo de Guadalajara, una de las figuras más brillantes de la mitad del siglo XV.

Al regreso de la visita al castillo, se acercó hasta la Iglesia parroquial del siglo XVII, construida sobre los restos de una pequeña iglesia románica. Las obras fueron financiadas por el Duque del Infantado, que nos recuerda el famoso palacio que lleva su nombre en la capital de Guadalajara, y por el legado de un rico lugareño. Destacan en su interior una talla del Cristo de los Milagros, atribuido a Pedro de Mena, y un lienzo original de Zurbarán, entre otros muchos ornamentos religiosos dignos de ser admirados.

Nuestro viajero se puso en marcha con la idea de llegar a la villa de Atienza antes del almuerzo, y tratar de ver durante resto de la mañana y tarde de aquel sábado, algunos de los monumentos más significativos de la villa, pues las visitas en Jadraque le habían reducido gran parte de la mañana, pero se encontraba feliz por haber conocido otra interesante villa de la provincia, una más que venía a añadir a su agenda de viajes dedicado especialmente a los pueblos de Guadalajara y la capital.
Atienza


Poco tiempo tardaría en recorrer los aproximadamente cuarenta kilómetros que le restaban de llegar a su destino en Atienza.

Lo primero que hizo fue buscar el hotel donde había reservado una habitación para dos noches. Se aposentó, dejando su pequeño bolso de viajes, para salir rápidamente a visitar la villa.

Para ilustrarse, había oído que existía en Atienza un Centro de Interpretación de la Cultura Tradicional de Guadalajara, situado en la llamada Posada del Cordón. Y allí dirigió sus pasos. En él pudo ver una exposición permanente con más de seiscientas piezas etnográficas. Además, a través de siete pantallas interactivas se conoce el folclore de la provincia (música, danzas, botargas, faenas agrarias, literatura, oficios artesanos, etc.)  En la oficina de turismo allí ubicada se informó de cuanto le podía interesar, pues aparte de lo que él ya tenía información, sentía especial curiosidad en conocer otros sitios para visitar.

Iglesia en Atienza

Después de la visita a la Posada del Cordón, nuestro viajero había sentido la llamada del estómago, y acercándose a un lugareño se informó sobre un  sitio donde almorzar para saciar el buen apetito del que hacía gala, pues era amigo del buen yantar.  Estaba cerca el lugar y no tardó en solicitar un plato de cabrito asado que le había recomendado, además de unas migas serranas, ya que ambos platos son típicos de la zona. Satisfecho por el buen servicio y después de haber tomado un cafetito, se dispuso a dar un largo paseo por aquella villa medieval; para conocer sus calles, con sus bellos palacios y casonas, testigos de historias y leyendas con las que el viajero quisiera impregnarse, imaginando los hechos trascendentales que por allí se vivieron durante siglos.

La situación geográfica de Atienza le hizo ser punto estratégico en las comunicaciones de las dos mesetas castellanas. Su mayor apogeo lo tuvo en la Baja Edad Media, llegando a contar con diez mil habitantes, en los momentos de mayor esplendor de la segunda mitad del siglo XII y primera del XIII, siendo cabeza de un anchísimo territorio, y el pueblo entero se convierte en uno de los enclaves urbanísticos de la monarquía castellana. La villa creció entre moros, judíos y cristianos conviviendo en paz. Y Atienza se mantiene aún viva después de las muchas vicisitudes que tuvo a lo largo de su historia por un puñado de hombres y mujeres que la habitan. Su conciencia histórica la mantienen los cofrades de La Caballada, los de la Vera Cruz y de las Santas Espinas del siglo XIV, y el turismo creciente que revitaliza el latir cotidiano de la villa.

Dando un largo paseo se acercó hasta la muralla que parte de ella todavía queda en pie, rodeando la meseta en la que se encuentra la Iglesia de Santa María del Rey, pues la villa estuvo circuida de fuerte muralla desde los primeros momentos en que los reyes de Castilla se hicieron dueños, entendiendo el gran valor estratégico de su enclave.

Panorámica de Atienza

Se interesó por ver la citada Iglesia, que se encuentra al pie del castillo, en cuyo lugar estaba situado el barrio más importante de la villa, cuando se construyó la iglesia a principios del siglo XII. Es una obra grandiosa de estilo románico atencino.

Estando cerca del castillo, decidió subir hasta el gran peñón elevado y alargado del que solo queda la puerta de entrada, flanqueada de un espeso murallón, y la gran torre del homenaje, de planta rectangular con tres pisos. Desde aquel alto roquero el viajero pudo observar maravillosas vistas difíciles de olvidar.

De regreso al centro de la población, pasó a visitar la Iglesia de la Trinidad, que cuenta con una sola nave, bóveda de belleza muy en particular y varias capillas dignas de admirar. Alberga un museo de arte sacro con valiosas piezas. Destaca también el museo de la Caballada, con numerosos recuerdos históricos de la famosa cofradía.

Castillo de Atienza

También se había interesado en la oficina de información, por el lugar  de la villa donde se suponía había residido durante cierto tiempo el insigne escritor Pío Baroja, por cuyas venas también corría sangre alcarreña,  de sus antepasados en la villa de Tendilla. Le indicaron que se trataba de la vivienda, que todavía existe por el Barrio de Portacaballos, propiedad de un atencino ilustre que vivió en la primera mitad del siglo XX, y en otra ocasión alojándose en la Posada del Cordón. En la actualidad convertido en el museo mencionado anteriormente. Ya entonces Don Pío supo retratar en algunos de sus libros la villa de Atienza y su sociedad; que posiblemente lo hizo con su sensible pluma sentado en los veladores del Casino de Sociedad que existía entonces.

Asimismo trató de informarse de Don Benito Pérez Galdós, que se cree pasó por Atienza en algún momento, pues es sabido que centró una parte de sus Episodios Nacionales por aquellas tierras, aunque sin saberse el lugar exacto en que se hospedó en la villa. Pues es conocida la correspondencia que hubo entre el insigne escritor y el Ayuntamiento, cuando trató de informarse sobre determinados capítulos de la historia de Atienza.

Atienza

Nuestro viajero seguía su camino en dirección a la famosa plaza del Trigo o del Mercado, considerada una de las más bellas plazas de Castilla. En uno de sus costados se alza la Iglesia de San Juan, actualmente iglesia parroquial que data del siglo XII. Cuenta con ábside y coro alto. El resto de los límites de la plaza lo conforman edificaciones tradicionales, apoyadas en soportales de madera o piedra.  Antiguamente la plaza albergaba en su conjunto, el mercado de la villa y su comarca, manteniendo sus esencias tradicionales en el ámbito de la arquitectura popular atencina.

Atienza

A través de una estrella callejuela en cuesta, y pasando por el arco de Arrebatacapas, nuestro viajero llegó a la plaza del Ayuntamiento. Dos de sus costados están ocupados por soportales, y todo el entorno rodeado de edificaciones de varias épocas, pero muy características de la villa. Destaca un palacio del siglo XVI, con hermosísimo escudo heráldico de piedra, y el Ayuntamiento, obra del siglo XVIII, con un severo empaque arquitectónico y su torrecilla del reloj. Más un gran escudo en su fachada. En el centro de la plaza resalta una fuente del siglo XVII.

Atienza

Anochecía y nuestro viajero observaba mucha afluencia de gente por las calles, pues era la víspera de Pentecostés, día que llaman de las “Siete Tortillas”, cuando se ultiman en la ermita de la Estrella los preparativos de la fiesta del día siguiente. Y allí se consumen siete tortillas, todas distintas, en recuerdo de las siete jornadas de camino hasta la ciudad de Ávila hacia la salvación del rey niño Alfonso VIII. Había mucha expectación por parte de los atencinos para ver una vez más la repetición histórica, y de muchos foráneos por conocer los desconocidos festejos que se representan desde hace más de ocho siglos


Así pues, cansado como estaba del día tan ajetreado decidió reparar fuerzas en el mismo restaurante donde había almorzado, y retirarse a descansar para continuar al día siguiente con la visita por la villa.

Los tambores, dulzainas y cohetes anunciando la festividad, le despertaron el día grande de la villa de Atienza. Había decidido finalizar lo que le quedaba por ver  del impresionante patrimonio que goza aquella villa medieval, y participar en sus ancestrales fiestas de tanta solemnidad, que transcurrirían desde las diez de la mañana hasta el anochecer.

Atienza

El tiempo pasa mientras nosotros, el viajero y el narrador, consagramos con ardor nuestro tiempo propio a la villa de Atienza. Pronto la perspectiva de este nuevo Pentecostés, con los encantos de sus fiestas pasará nuevamente al baúl de la historia, con un año más para el recuerdo de tiempos venideros y de sus gentes.

Todo había transcurrido de acuerdo con lo proyectado por los diligentes atencinos,  que habían conseguido momentos felices de gozo y satisfacción rememorando su historia, transmitiéndolo una vez más  a propios y extraños durante más de ocho siglos.

Así lo había entendido nuestro joven ingeniero de canales, caminos y puertos, viajero infatigable por las tierras de Guadalajara, disfrutando en esta ocasión de forma  singular y memorable. Y teniendo espíritu impaciente se prometía nuevas aventuras para un futuro viaje no lejano: -Que ancha es Castilla y de la Alcarria y su entornos, aún queda mucho por ver- Pues la necesidad de conocer cosas maravillosas, suele ser la llave del mundo de los sueños.

Finalizó la jornada festiva a la caída de la tarde, después de haber visitado cuanto aún le quedaba por ver. Estaba embriagado por sus vivencias y también por los ágapes que no faltaron, pues de todo hubo; lo pasó correctamente, sin ir tan lejos como en los banquetes de estudiantes. Al final se encontraba cansado, y cuando la luna llena apareció plenamente plateada sobre un cielo azul plagado de estrellas, decidió dar por finalizada su aventura por Atienza. Antes de retirarse a descansar, y reponer fuerzas con exquisitas viandas, dedicó un buen rato, para anotar en su agenda de viajes las experiencias vividas en los dos días de su estancia por aquellas tierras, dedicando también especial recuerdo de sus pasos por Jadraque.

“La naturaleza del hombre, sus pasiones y angustias son un producto cultural, en realidad el hombre mismo es la creación más importante y la mayor hazaña de ese incesante esfuerzo humano cuyo registro llamamos historia”. Erich Fromm

Eugenio

Agosto de 2017






02 junio 2017

AMIGOS PARA SIEMPRE


Hacía una hermosa mañana primaveral, con sol espléndido y un cielo azul profundo. Anunciaban los meteorólogos que se llegaría a los 25 grados. Los primeros días de mayo habían sido muy variables, alternando días frescos, por sucesivas borrascas que entraban por el Atlántico, y días calurosos por anticiclones, propios de las fechas próximas a la entrada del verano.

Las fiestas de San Isidro, Patrón de la capital del Reino, estuvieron muy lucidas y vividas con toda solemnidad, haciendo honor al refrán: San Isidro quita el agua y saca el sol. Hubo una exaltación de gozo de los madrileños y visitantes, y también en los negocios en general, facilitando toda clase de diversiones.

Un día de la última semana de mayo, como venía siendo costumbre todas las semanas del año, a excepción de los meses de verano, un grupo de antiguos compañeros y buenos amigos se reunían para desayunar en una conocida cafetería-churrería. Ezequiel, el más joven de ellos, había llegado el primero y tomando asiento esperó la llegada de los demás concurrentes.

Esperaba pacientemente sin tomar refrigerio alguno, pues normalmente se le indicaba al camarero, sea quien fuere el que llegara primero, retrasara el servicio hasta llegar los demás.

Ezequiel, era un hombre prudente y sincero, amigo fiel de sus amigos, para el que la amistad era virtud inquebrantable. En ocasiones recordaba: que los amigos son como las estrellas, que no hablas con ellas, pero tú sabes que siempre están allí; que un amigo es un hermano que elegimos, y más aún, que su amistad es de los mejores regalos que la vida te puede dar.

Desde hace años, después de la jubilación, hubo buen número de compañeros afines que decidieron reunirse con el fin de hacer la vida lo más agradable posible, hablando de todo un poco y contando anécdotas de sus vivencias personales. Con el paso del tiempo, los inevitables procesos de enfermedades y fallecimientos, quedaron unos pocos y ahora tan solo son cuatro, y de vez en cuando otro más, al que llaman el Guadiana, que aparece y desaparece con relativa frecuencia, pero su verdadero nombre es Armando. Persona afable y educada, que le gusta  comentar coloquialmente con los demás amigos cualesquiera que sean los temas que se traten.

Armando también es persona de buenos conocimientos musicales, asistiendo con frecuencia a los conciertos que se celebran en el Auditorio Nacional de Música y a las óperas que se representan en el Teatro Real.

También Ezequiel es buen aficionado a la música, asistiendo gran parte de los jueves en la temporada de los ensayos de la Orquesta de la RTVE en el Teatro Monumental de Madrid, acompañado de  otros buenos amigos.

A Ezequiel le gusta escuchar, dando preferencia a los demás, pues cree que sus experiencias no tienen el relieve de sus contertulios, aunque su recorrido por la vida ha sido largo, pero estima que los demás tienen más escuela, como se suele decir, o más experiencia, no solo por ser algo más mayores, sino porque entendía que el destino de ellos había sido más dinámico; no obstante aprovechaba el momento oportuno para emitir sus impresiones de aquello que conociese sin lugar a dudas, entrando al trapo como dicen los taurinos, sin ningún reparo y le sale la chispa de su humilde sabiduría.

Es un observador nato, prestando especial atención a las muchas cosas que desconocía, especialmente lo relacionado con el amplio mundo taurino, que tanto demostraba conocer Samuel. También buen conocedor del tema por parte de Lázaro, y de lo relacionado con el vino, oriundo de una de las comarcas vinícolas de España. Y qué decir del maravilloso firmamento del arte pictórico que representa Jónatan, en el que ha vivido y lo lleva en lo más profundo de sus entrañas, presentando sus obras en infinidad de exposiciones, una última no hace mucho tiempo.

Poco tiempo tuvo que esperar, pues a lo lejos venían como inseparables en el tiempo, desde que se conocieron muchos años atrás, Jónatan y Samuel. El primero andaba pausadamente, pues últimamente se le apreciaba problemas en las articulaciones inferiores, pues no en balde sentía el peso de los años, aunque en ningún momento perdía su buen sentido del humor, y siempre tenía una gracia ingeniosa, especialmente hacia las camareras que les atendían. Se aprecia en él que en su juventud debió de ser un buen galante. Es una persona creativa para el arte pictórico y poético, y de un talento incalculable, quizás no reconocido suficientemente por el amplio mundo de las bellas artes; pero sobre todo  se trata de una buena persona digna de toda admiración. Todos los amigos se sentían orgullosos de estar a su lado y le tienen alta estima.

Samuel, que aparecía con paso firme y recto como era su forma de andar, aunque ahora más lento para acompasar el paso al de su amigo Jónatan, al que le tenía especial afecto, no obstante discutieran por el arte pictórico de éste, que no reconocía como bueno cuando en sus cuadros no expresara las formas sencillas del clásico realismo, al que su autor llamaba cariñosamente “sus marujas”, por ser estilo más entendible por el común de los mortales. Le contestaba afeándole su falta de entendimiento del arte que expresaba en sus diversas formas cromáticas, concepciones creativas más próximas al impresionismo.

Samuel era una persona de fuerte carácter, hecho asimismo desde su temprana edad. En ocasiones manifestaba una simpatía visible por la suerte afortunada de un hombre nacido en lo bajo, viviendo momentos difíciles, pero acertando por la congregación religiosa en la que forjó las bases de su futuro. Sentía un profundo agradecimiento por las consideraciones  que recibió, en lo que se refería a los procedimientos pedagógicos, a su inicial cristianismo y a la situación personal durante su juventud, que fueron fuertes cimientos para el devenir de su futuro.  Sentía cierto orgullo por haber superado las dificultades en el transcurrir de su vida,  que superó con gran tesón y fuerza de voluntad dignas de admiración. A veces su emoción le embarga, especialmente, en el recuerdo de su querida madre, por la que sentía especial devoción, y en sus sonrojados ojos se aprecia una furtiva lágrima.

Tiene una memoria especial que le sirve para recordar un rico anecdotario de sus momentos profesionales en particular, que sirve para entretener a los contertulios amigos y ameniza el tiempo que pasan juntos. Como ya se dijo, es buen aficionado a los toros y del mundo que lo rodea, que de ello es buen conocedor,  y que a Ezequiel le encanta conocer ese fascinante espectáculo, tan repudiado por algunos, pero querido por los más en toda España. También en buen amante de la ópera, a cuyo espectáculo ha asistido con mucha frecuencia.

Lázaro tardó algo más en llegar, pues tenía sesión de fisioterapia, que como casi todos los amigos algún problema muscular adolecían. Es una excelente persona, ahora preocupado por serios problemas de salud de la esposa, que lo supera en parte por su fuerte personalidad y en algo colaboraban sus amigos al estar en la tertulia distrayendo sus problemas. Pero en particular todos aprendían sobre el universo vitivinícola, en el que está muy entendido, que de buena tierra de viñedos venía: Extremadura.

De aquella tierra buen recuerdo tenía Ezequiel, que según contaba con emoción, en otros tiempos por allí paso de joven visitando a su familia, viajando con una moto-Vespa. ¡Qué valor había que tener! y hasta acercarse a visitar la tierra de María Santísima entrando ileso por el Puente de Triana, donde le esperaba su novia, la que después sería su compañera y hasta la fecha. En otras ocasiones lo haría directamente desde Guadalajara, recorriendo cerca de seiscientos kilómetros. ¡Locuras de amor!

Ya estaban los cuatro que con más frecuencia asistían. Al tiempo que pedían sus consumiciones, se lamentaban de la climatología tan alterada por las sucesivas borrascas, lamentándose de que les estaban robando la primavera. Pero con cierta razón asentían que todavía vendrían bellos días primaverales hasta llegar el sofocante calor del verano.

Al rato llegó Armando, disculpándose en esta ocasión, por sus citas en sesiones de terapia deportiva: natación y otros medios sanativos. Además cultiva el elitista deporte del golf, juego de origen escocés que consiste en meter una pelota en hoyos sucesivos, en cuyo juego  o deporte están poco o nada cultos los demás tertulianos, por lo que de ese tema se comenta de tarde en tarde. Lo poco que sabe Ezequiel es que los hoyos suelen ser 18, y que se utilizan varios palos para pegar a la pelota. Al final de aquella jornada, cuando ya marchaban a tomar el vino, le sugirió a  Armando que algún día tendría que ilustrar a los demás amigos sobre este desconocido deporte.

Charlando de todo un poco, de lo humano y de lo divino, y algunas veces de las divinas féminas de escultural belleza que pasaban por la acera, enfrente de ellos, como si de una pasarela se tratara, felizmente disfrutaban la mañana.

Narraban vivencias profesionales y anécdotas simpáticas. También estaba presente, y como no, la salud y los problemas que ocasionan en la aventura de sus vidas, pero no era el motivo principal de sus charlas, pues evitaban entrar en una competición perniciosa que suele resultar ridícula, cuando entre los mayores entran en esas discusiones, contagiosas y perjudiciales para cualquiera que tenga animosidad de espíritu dinámico. Hacían alusiones pasajeras resistiendo cada uno con sus problemas, como simples soplos naturales que zarandean sus longevos cuerpos, por el paso de los muchos años vividos, que asumían con valentía y naturalidad envidiable, agradeciendo a la Divina Providencia que les permitía haber llegado felizmente a esa etapa jubilosa de la que estaban orgullosos.

Todos ellos son espíritus despiertos, con inquietudes literarias, musicales y pictóricas, sobre asuntos políticos de actualidad que tanto inquieta al común de los mortales de este país. No olvidan que su tiempo está limitado, pero lo aprovechan sabia y racionalmente, conciliando sus afectos familiares con los de sus amigos, y las aficiones de cada uno.

Son felices a pesar de sus limitaciones, y en el ocaso de sus vidas se comportan con tenacidad y humildad, y se esfuerzan en corresponder de una manera humana con la mirada tranquila en el devenir de su aventura por este mundo. Se complacían en plantear  cuestiones sobre lo efímero de las cosas mundanas y de la teología sobre la inmortalidad del alma; sobre las creencias religiosas y sus pasiones, temas elevados que les suscitan controversias sin fin.

Después de tomar su desayuno y del buen rato de amena charla, en otros lugares no muy lejos del lugar donde están no desaprovechan la ocasión de tomar un vino y aperitivo, que anima sus espíritus, y en ocasiones se quedan a almorzar. Siempre con ánimo dinámico y nunca dan motivo para que se rompa su sólida amistad.

Pero aquella mañana estaban aún más felices, unos por los acontecimientos que se habían desarrollado, y otros en marcha para deleite y satisfacción de los sentimientos propios que les afectaba: Que el Real Madrid nuevamente campeón de liga, y que próximamente jugará la final de la Liga de Campeones, jugando contra el Juventus, en la ciudad de Cardiff, en Inglaterra, a por la l2. Que el Atlético de Madrid, que ha quedado tercero en la liga de Primera División jugará campeonato en liga europea. Que el Real Murcia, el segundo en Segunda División B, juega la Play-Off para la Segunda Adelante, y asimismo el Club Deportivo Guadalajara, en Tercera División, también aspira a pasar a la Segunda División B. Que el gran torero peruano Roca Rey sigue saliendo triunfante en las plazas españolas. Que se anunciaba en el Teatro Real la famosa obra de Bellini: I Puritani. Y una primicia muy interesante, que Jónatan tiene proyectada otra exposición con desconocidas obras, y con intención de presentar también su inédito y muy esperado libro multifacético enriquecido con la inserción de fotografías de sus lienzos.

La verdadera amistad que no puede ni debe ser sospechosa de nada, normalmente se acrecienta aún más en el crepúsculo de la vida de las buenas personas, cuando sus almas son crisoles de los más limpios sentimientos, y la misericordia brilla más que la justicia, y el horizonte es más puro y libre de tibiezas.

Ezequiel recordaba a sus amigos una frase de Montalbán: -Cuando Sancho propone a Don Quijote continuar la aventura, es porque sabe que si Don Quijote no existiera también él dejaría de existir.

Y terminó diciendo a sus amigos: -Sigamos pues con nuestra aventura.

Eugenio     1 de Junio de 2017