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Algo sobre mí

Algo sobre mí

Empleado de banca jubilado, amante de la música y la literatura, la naturaleza y las humanidades. Nacido en Guadalajara y conocedor ferviente de la provincia. Actualmente con residencia en Madrid, después de un largo peregrinar por diversas ciudades en razón a mi profesión; que ahora con ilusión trato de vivir esta nueva aventura, pues siempre he creído que la providencia nos ha dado el sueño y la esperanza como compensación a los cuidados de la vida.

26 enero 2017

EL CONTADOR DE ESTRELLAS



                       


                                                                      A mis nietos Alejandro e Irina   
Había amanecido otro día con un limpio y purísimo cielo azul  en el valle, de los varios que se sucedían en un recién estrenado otoño. El sol calentaba con  tanta intensidad que todo el mundo seguía llevando los atuendos del verano. Las gentes y, especialmente los menores, se acercaban al cercano riachuelo para aplacar los ardores del astro rey.
Don Feliciano, el único profesor que había para dirigir el colegio de aquella villa del nordeste de la provincia de Guadalajara, había decidido sacar a sus colegiales, una veintena de niños de diversas edades que sumaba el censo de aquella localidad, a un prado cercano desde el que pretendía realizar la clase en aquella bonita mañana, cosa que hacía con frecuencia cuando la climatología lo permitía con la idea de acercarlos a la Naturaleza.
Aquel buen hombre, veterano en su profesión, había dedicado su vida a la causa educadora a lo largo de diversos pueblos de la comarca. Trataba de encauzar con mucho ardor educativo, a los niños que enseñaba, para guiarlos por caminos fecundos y que tuvieran un desarrollo feliz en su vida.
Hermanado con la naturaleza en aquellos momentos que el buen tiempo le brindaba, le gusta hablarles de las cosas buenas de la vida, y de los orígenes de aquel pueblo. Les invitaba a valorar las maravillas de los floridos campos  y de los bosques de pinos que circundaban las casas como si quisieran abrazarlas; las tierras sembradas de cereales,  los montes no muy lejanos de la villa, donde florecían las plantas olorosas de romero y tomillo, principalmente, y los lugareños tenían instaladas colmenas para que las abejas produjeran la famosa miel de la Alcarria.
También les inculcaba determinados valores para su riqueza interior y que gozasen de buenos sentimientos; del respeto a los mayores  y especialmente a sus padres de los que debían ser muy obedientes. Destacaba la importancia de ser buenos estudiosos en las diversas materias que el profesor impartía. Con frecuencia les decía que las lecciones que ahora les daba, serían los cimientos de su futuro.
A media mañana, a modo de recreo, como de costumbre, celebraban un encuentro de futbol, donde todos participaban compitiendo en una liguilla que el profesor había formado, y donde además ejercía de árbitro.
Don Feliciano venía observando que había un muchacho de ocho años al que, con cierta  frecuencia, se distraía cuando impartía clase en el local que el Ayuntamiento les tenía destinado como colegio. Pero se le veía más contento cuando salían al exterior como en esta ocasión ocurría. Estaba feliz observando el cielo y la naturaleza de los alrededores de la villa.
Se lo había comunicado a sus padres para conocer las causas de su frecuente distracción, pues le consideraba un niño espabilado y obediente en cuantas indicaciones le ordenaba el profesor; él estimaba que podía mejorar las notas que obtenía, ya que tenía capacidades por encima de la media de los demás niños de la clase.
Los padres de Tino comentaron al profesor: “Don Feliciano, su comportamiento en casa se puede decir que es de un niño normal, bueno y cariñoso, pero le observamos que tiene cierta obsesión con el cielo, las estrellas, la luna y los planetas. Muchas noches le vemos asomado a la ventana de su habitación, extendiendo la mano al infinito firmamento preñado de estrellas, como si quisiera señalar algunos de sus múltiples puntos luminosos. En ocasión de los ciclos de luna llena, cuando ésta ofrece su mayor esplendor plateado, nos llama para que veamos tan bonito espectáculo. Queda ensimismado por tanta belleza”
“También nos comentaba que, en las horas de dormir, sus sueños están relacionados con las estrellas; que en otros sueños se veía volando sobre un gran pájaro que extendía sus enormes alas hacia una brillante estrella en el firmamento, despertando con sobresalto al caerse de la cama por tan enorme emoción”
Don Feliciano quedo pensativo por cuanto oía de los progenitores de su alumno, llegando a comprender que aquel niño empezaba a interesarse por cosas que para los demás alumnos pasaban inadvertidas. También empezó a comprender por qué en el colegio le llamaban el “contador de estrellas”  y  los  sueños fantásticos que contaba a sus amigos más íntimos relacionados con el firmamento.
A los padres les tranquilizó, prometiéndoles que él se ocuparía de atenderle de forma especial en sus peculiares ilusiones, pues no había que olvidar que generalmente a esas edades casi todos los niños tienen sueños que quieren realizar, por imitación  del mundo de los mayores. Y venía a recordar que en una ocasión, cuando a toda la clase preguntó sobre qué deseaban ser en el futuro, Tino dijo que quería ser astronauta para estar cerca del firmamento, y conocer si había otros niños con quienes jugar. No me extrañó demasiado, considerando las respuestas de los demás alumnos con resultados de lo más curioso que se pueda imaginar.
Algún tiempo después, aquel buen profesor había obtenido autorización para organizar una excursión al Centro de Seguimiento Espacial de la Nasa en Robledo de Chavela, en la provincia de Madrid, con la aprobación de las familias y enorme entusiasmo de todo el colegio, pero especialmente de Tino que recibió la noticia con enorme gozo.
Llegó el día maravilloso que todos esperaban con gran ilusión y quedaron asombrados por cuanto vieron. Reportajes sobre la llegada del hombre a la luna; documentos fotográficos de los diversos despegues de cohetes enviados para desentrañar los misterios del universo; estudios del comportamiento del ser humano en el espacio, con imágenes de las maravillas que desde allí se contemplaban, y el instrumental necesario para llegar a tan enormes distancias. Todo un resumen de información que les llenó de emocionado entusiasmo.
Pero como todo tiene su fin, se preparaban para marchar, cuando advirtieron que un asiento del autobús estaba vacío; se trataba del que debería ocupar Tino. Todos se preguntaron ¿Dónde estará este muchacho, seguro que contando las estrellas que se ven en los reportajes, o aún está asombrado por los despegues de aquellos enormes cohetes disparados al espacio?  Dejaros de tontadas y decirme: ¿Pero es que no le habéis visto?  Preguntó el profesor. Uno de los colegiales dijo: La última vez que le vi estaba observando detenidamente un traje de astronauta. Pues todos a buscarle. Contestó el profesor.
Pero se encontraron con que habían cerrado las puertas para las visitas, por lo que no podían entrar ¡Qué sofoco, qué angustia, qué contrariedad! Estaban asustados y buscaron al guardia de seguridad para que les abriera el Centro para visitantes y pudieran buscar al dichoso niño.
Así lo hizo con cierto desagrado el vigilante, y después de mucho buscar por todos los rincones, a lo lejos, en un lugar donde había un traje de astronauta donde la gente se podía meter dentro y hacerse fotografías asomando la cara por el hueco del casco simulando se tratase de un verdadero astronauta, allí estaba Tino. Todo tranquilo y sin inmutarse, les dijo que esperaba el momento de que le llevaran hacia algún cohete que saliera para el firmamento, mejor aún si era con destino a la luna, o  al planeta Marte que estaba más lejos y al que deseaban  llegar todos los astronautas.
Todos los niños rieron la broma menos el guardia de seguridad y Don Feliciano, que abochornado por el hecho, se disculpó como pudo y amonestó a su alumno.
Al anochecer de aquel hermoso día llegaron a la villa alcarreña, todos contentos por cuanto habían visto. El cielo estaba limpio de nubes por lo que se veía la gran belleza del firmamento y la luna brillante como una bola de plata resplandeciente. Todos sintieron la curiosidad y la admiración de aquel espectáculo, emulando  lo que hacía Tino desde su asiento.  Desde entonces empezaron a admirar la belleza de cuanto se exponía a la contemplación humana de tan magna creación, y Don Feliciano estaba orgulloso de que así fuera gracias a la originalidad de aquel especial  alumno.
Años después, a aquel niño que soñaba con las cosas del cielo y la naturaleza, sus padres lo llevaron a estudiar el bachillerato al instituto de Sigüenza; y posteriormente le facilitaron cursar la carrera de Ingeniería Aeroespacial, en la Escuela de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio, de la Universidad Politécnica de Madrid.
Terminada la carrera brillantemente, pasó a formar parte del equipo que formaban en el Centro de Seguimiento Espacial de la Nasa en aquel bonito e interesante lugar que había visitado con su colegio hacía mucho tiempo.
Muchos años después, un buen día, quedaron sorprendidos en el colegio de la villa alcarreña en la que se desarrolla nuestra historia, al recibir un enorme y extraño bulto. Muy inquietos, alumnos y profesor, esperaban conocer lo que había en su interior. Quedaron asombrados al ver que se trataba de un magnífico telescopio. En la base de aquel  extraño y complejo aparato, había una placa con la siguiente reseña: “Telescopio  Don Feliciano, regalo de Faustino antiguo alumno del colegio”
Lo hacía en recuerdo de aquel buen profesor que tiempo atrás había fallecido.
Eugenio 2017

27 noviembre 2016

RUTA DE LOS PANTANOS EN GUADALAJARA



El joven viajero que ya había remontado la verde colina de la juventud. A la edad de 28 años había finalizado su carrera de ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, siguiendo la trayectoria de sus ancestros, ilustres personajes que dejaron imperecedera huella en su profesión, y él en camino de alcanzar una posición considerable. Seguía manteniendo su sueño de viajar y conocer las ciudades de Europa, pero especialmente las de España, y muy particularmente Guadalajara y su provincia, por la que sentía especial afecto. Se desplazaba con cierta frecuencia aprovechando determinadas fechas que le permitía su calendario laboral. 

Era un muchacho alto y bien parecido. Un modelo de fuerza juvenil. En los últimos años había cambiado, no solo su físico, pues su carácter le había transformado, adquiriendo una expresión de persona seria y consciente de la importancia de vivir tiempos complicados, en los que la mayoría de los jóvenes sentían la responsabilidad de conseguir unos conocimientos destacados en el futuro para poder subsistir. Valoraba el esfuerzo, tesón y el amor que se tiene que poner en cuantos sueños e ilusiones se propongan para poder tener momentos felices  en el devenir de los tiempos.

Era una mañana fresca pero muy soleada, con un cielo azul sin nubes en el horizonte, por lo que sentía  buenas perspectivas para pasar un fin de semana por las tierras de la Alcarria Baja, descubriendo nuevos pueblos y tierras en el curso del viaje que había programado por la llamada Ruta de los Pantanos.

Hacía tiempo que tenía mucha ilusión de conocer los lugares por donde estuvo su abuelo, ingeniero como él, quien además participó en la construcción del famoso pantano de Entrepeñas, nombre que se adjudicó por estar situado en el
lugar conocido por la citada referencia.

Palacio del Infantado



Patio central del Palacio del Infantado

Había salido temprano de Madrid en su utilitario hacia la capital de la Provincia,  distante 56 kilómetros. Ya en Guadalajara, como era su costumbre, hizo una paraba para desayunar en un  lugar cercano al Palacio del Infantado, con intención de visitarlo una vez más, pues sentía una particular predilección por dicho monumento. Simboliza el arte y la historia de Guadalajara, donde la famosa familia de los Mendoza dejó
importantes señas de identidad, intelectuales y humanísticas, destacados caudales y especialmente el más acendrado sentimiento de apego hacia la tierra alcarreña.

El monumento goza de extensa historia, ya que por él pasaron importantes personajes y referentes de acontecimientos acaecidos en España. Y como reseña interesante para quienes no lo conozcan, en el referido Palacio se celebró en el año 1560 la tercera boda del rey Felipe II con la hija de los reyes de Francia Isabel de Valois, y en 1714 se celebró la boda del rey Felipe V con Isabel de Farnesio.

Poco tiempo después de la visita de nuestro viajero al citado Palacio, se dispuso a partir hacia la carretera de Cuenca N-320, para iniciar la ruta que había proyectado. Pretendía llegar a Sacedón distante de Guadalajara 57 kms. donde tenía intención de pernoctar  una noche. Había pensado parar en algunos pueblos que se encontraría en el camino

El
El primer municipio que se encontró después de partir de la capital, una vez rebasada la estación del Ave situada a cinco kilómetros, era la villa de Horche. Es una de las más importantes de la provincia. Se alza sobre el valle que riega los ríos Ungría y Tajuña. Posee unas vistas espléndidas, apreciándose en el inmediato horizonte la quebrada orografía que acompañará a nuestro viajero hasta su destino.
Panorámica de Horche   -foto de Pedro García-

Su origen es medieval, siendo algunos de sus barrios clara muestra de las tres culturas que convivieron por aquellos tiempos: cristianos, moros y judíos. La plaza Mayor y algunas de sus calles conservan los típicos soportales de las antiguas poblaciones castellanas. Fueron famosas sus fábricas de paños en el siglo XVII. Funcionan tiendas de artesanía tradicional, y de un famoso taller de escultura en madera, talla y policromado, especialmente destinado a los monumentos religiosos, único en la provincia del que han salido más de quinientos retablos tan monumentales como los de la Iglesia de Mondéjar, de Guadalajara; Priego, San Clemente y Villamayor de Santiago, en Cuenca; Vicálvaro en Madrid; Jaráiz de la Vera en Cáceres, etc.  Imágenes y otro tipo de altares que han salido de dicho taller, podrían contarse por miles.

Horche  -foto de Pedro García-

La villa de Horche fue reconquistada a los musulmanes por Alvar Fañez de Minaya, compañero de conquistas de El Cid Campeador, la víspera de San Juan del año 1085, antes de tomar la vecina y amurallada ciudad de Guadalajara, y cuenta  con el monumento más importante y de interés cultural que es la Iglesia de la Asunción de María, construida en el siglo XVI.

También tiene larga historia por haber vivido muchos acontecimientos desde tiempos remotos, y la zozobra de haber sufrido en sus tierras avatares bélicos, al estar situada en lugar estratégico.

Después de haber visto cuanto pudo y tomar nota de todo ello, como por  costumbre tenía, nuestro viajero se dispuso de nuevo a partir hacía la siguiente población que encontraría en su camino: Tendilla.

Bajó hasta el valle para tomar de nuevo la N-320, y a los pocos minutos sus pensamientos le trasladaron a tiempos pasados. Recordaba cuando su abuelo, en el año 2000, contando con 80 años y el con 12, le invitó hacer el mismo recorrido que ahora él estaba realizando. Fueron entonces en un flamante automóvil de alta gama, conducido por el fiel Pablo, que desde hacía muchos años tenía a su servicio.

Su abuelo deseaba que conociera los lugares por donde transcurrieron momentos felices de su vida. En la década de los años cincuenta del siglo pasado, fue trasladado a Sacedón, y posteriormente a las viviendas que habilitaron para el personal directivo y técnico de las obras que se realizaban para la construcción de la famosa presa de Entrepeñas.

En la plenitud de su vida, recién cumplidos los 30 años, soltero y terminada su carrera de Ingeniero, su abuelo afrontaba una experiencia extraordinaria colaborando en la importante obra proyectada por el gobierno de entonces.

Durante las fiestas de Sacedón, en 1954, conoció a la que sería su esposa, y dos años después nacería su hijo en la Residencia Sanitaria de Guadalajara. Coincidiendo con las fechas de la inauguración pomposa de la presa, por el entonces Jefe del Estado.

En muchas ocasiones, pues los mayores suelen ser repetitivos de recuerdos vividos, recordaba a su nieto los años dichosos que después pasaron en aquellos lugares llenos de encanto, hasta que decidieron marchar a Guadalajara para que su hijo pudiera hacer el bachillerato en el Instituto Brianda de Mendoza, institución donde también estudió el dramaturgo alcarreño Buero Vallejo. Personaje de todos conocido por su fama internacional.

Tendilla
Estaba tan distraído con sus pensamientos, que a punto estuvo de pasar de largo para tomar la carretera que se desvía hacía la población de Tendilla, y en unos minutos estaba aparcando su automóvil en la plaza del pueblo, rodeada de soportales y muchas columnas que la caracterizan y embellecen, ofreciendo un aspecto medieval.

Se trata de una villa cuya historia está muy ligada a la ya citada familia de los Mendoza. Cuenta la historia que Don Enrique III de Castilla, elevó al rango de villa en 1394, para donársela en señorío al Almirante Mayor Diego Hurtado de Mendoza. Sus descendientes en el siglo XV fundaron el monasterio Jerónimo de Santa Ana, del que quedan algunos restos. Su mayor esplendor fue en la época de don Iñigo López de Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer marqués de Mondéjar, además de Capitán General del reino de Granada tras su reconquista, logrando de los Reyes Católicos privilegios que engrandecieron la villa.

Está enclavada en otro de los tantos valles que existen también en esta comarca de la Alcarria baja, rodeada de frondosos bosques de pinos y con excelente vistas.
Tendilla   -Obra de Pedro García-
Tendilla    -Obra de Pedro García-

Por esta población pasó nuestro ilustre Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela, inmortalizando su Viaje por la Alcarria, conmemorado en una placa situada en la plaza principal de la villa. Es famosa su feria del 24 de Febrero, con motivo de las fiestas de San Matías, y ya en tiempos del rey Felipe II, acudían hasta Tendilla feriantes y mercaderes de todas las partes de España, y aún en tiempos actuales se rememora con toda solemnidad y diversos festejos.

Es interesante visitar la Iglesia de la Asunción, del siglo XVI. La Fuente Vieja, del siglo XV, que aún conserva el escudo de los Condes de Tendilla. Y el monumento al sagrado Corazón de Jesús, construido en 1930 sobre las ruinas del viejo castillo del siglo XV. También existen restos de la muralla medieval.

Gozan de merecido prestigio los mazapanes, los turrones y los bizcochos borrachos, elaborados con la rica miel de la Alcarria, que desde hace mucho tiempo se fabrican en esta población.

Una vez visitada la villa de Tendilla, nuestro viajero reanudó su ruta hacia el pantano de Entrepeñas, y de nuevo acudió el recuerdo de cuanto le había contado su abuelo en tiempos de su niñez. Hubo un momento en que se deslizaron unas pequeñas lágrimas sobre sus mejillas. Todas las épocas  de la familia no habían sido felices. Recordaba con mucha tristeza el día que sus abuelos le contaron, que desde los dos años de edad, se hicieron cargo de sus cuidados al haber fallecido sus padres en un accidente de automóvil. Por lo que siempre les considero como sus progenitores, hasta que tuvo conocimiento para asumir la realidad. Así pues, con setenta años su abuelo y sesenta la abuela, asumieron la difícil crianza de su nieto; siempre con la colaboración eficaz de su fiel Pablo y su esposa.

Estaba llegando cerca de la población de Auñón, pero tenía tantos deseos de llegar a Entrepeñas, que solo se detuvo para tomar unas fotografías de la curiosa perspectiva  de sus casas sostenidas a lomos de rocas, considerada como la pequeña Cuenca.

Panorámicas de Auñón   -fotos de Herrera Casado-
Se cuenta que, en el año 1085, la Virgen María se apareció a un pastor encima de un madroño y le mandó construyera una ermita en aquel lugar; y que tras infinitos prodigios e intervenciones sobrenaturales, la ermita se construyó en un paraje de pinos, con deliciosas vistas al pantano.

                                                               
Al poco tiempo volvía a circular hacia el destino proyectado. Ya empezaba a atisbar las estribaciones de la zona escarpada que subía hasta las primeras construcciones que se hicieron entonces para albergar el personal ya citado que intervino en la dirección de las obras del pantano.

La belleza que se abría a su paso conforme se adentraba en aquellos parajes le emocionaba sobremanera, y lo primero que hizo fue parar su automóvil para recorrer a pie el camino que le separaba hasta la presa. Afluían a su mente emocionantes sentimientos cuando se detuvo ante la casa-chalet donde habitaron sus abuelos. No pudo evitar que nuevamente se le humedeciera sus ojos, al recordar que pocos días antes su abuelo,  recientemente  cumplidos los 96 años, había dejado este mundo con plena lucidez, y su abuela se encontraba ingresada en una residencia de mayores.

Mirador y Panorámica desde  la Presa de Entrepeña
Después de recuperarse de sus emociones, se acercó hasta el famoso mirador voladizo en una  parte posterior  de la presa, desde donde se podía apreciar la gran obra de aquella monumental construcción hidráulica, y de la magnífica panorámica que se ofrecía a su vista.


Cabecera de la Presa de Entrepeñas
Después del terrible periodo de nuestra guerra civil que ocasionó en Guadalajara mucha decadencia, el gran regalo que recibió en los posteriores años que siguieron, especialmente en la década de los años 50, fue el complejo hidráulico de los pantanos de Buendía y Entrepeñas.

Las presas más importantes: Entrepeñas, fue inaugurada en el año 1956 y la de Buendía en 1958. El objetivo principal de estas magnas obras de ingeniería era la obtención de energía hidroeléctrica, haciendo de ellas, en aquella época, la mayor de Europa por su capacidad de embalse: con cerca de 2500 hm3. Lo que llevó  a llamar esta concentración de agua embalsada como Mar de Castilla junto con los embalses menores de Bolarque, Almoguera y Zorita.

Esto ha supuesto un incentivo para el turismo que ha revitalizado la provincia; y ha sido posible que en plena Alcarria se practique un sinfín de actividades náuticas: el esquí acuático, el surf, el piragüismo y la navegación a vela y a motor, y la delicia de pescadores con la captura de lucios y carpas.

Desde el principio de los embalses se construyeron, alrededor de los mismos, diversas urbanizaciones: Las Brisas y Las Anclas, así como hoteles y restaurantes.
Puente de Durón y al fondo las torres de la Central Nuclear de Trillo

No obstante todo ello en las últimas décadas se ha sufrido cierto deterioro por el decrecimiento del agua embalsada en los dos pantanos principales, debido a los sucesivos trasvases del llamado “Tajo-Segura”, que abastecen a la comarca murciana.

Antes de entrar en la presa, decidió tomar la carretera secundaria que parte de su margen izquierda y bordea gran parte  del embalse, pasando por los términos de Alocén y Durón. Trascurre entre frondosos bosques de pinos y se aprecia una  bellísima panorámica del pantano, por lo que sintió un enorme placer al haber tomado esta ruta. Antes de llegar a la villa citada últimamente,  atravesó  un gran puente que comunica la parte derecha del embalse. Continuó durante varios kilómetros hasta Sacedón, pasando por los términos de las poblaciones de Chillarón del Rey y Pareja, y las famosas urbanizaciones de Las Brisas y Las Anclas.



Ya en Sacedón, donde lo primero que hizo fue buscar alojamiento, y un lugar donde almorzar. Había muchos sitios  donde aplacar la llamada de su estómago, por lo que atendió con presteza tan esperada demanda. Parecía recordar lo que alguien escribió: “Que no se debe descuidar la vida del cuerpo, que es la vida de las sensaciones y de las emociones. Que el cuerpo conoce la verdadera hambre, la verdadera sed, la verdadera alegría al sol y a la nieve. La verdadera felicidad con el perfume de las flores. El amor, la ternura, el ardor, la pasión, el odio y el dolor verdaderos. Todas las emociones pertenecen al cuerpo y el espíritu se limita a reconocerlas”.

Sacedón es una de las villas históricas y partido judicial de la provincia, que dista de Guadalajara los ya citados 57 kilómetros, y 113 desde Madrid.
Se trata de una población antigua en su origen, que en el siglo XVI adquirió la categoría de villa, otorgada por el Emperador Carlos V. Famosa en otros tiempos  por sus baños de aguas termales y curativas que tuvo en sus proximidades, llamado el Real Sitio de la Isabela, en honor a la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII. Este rey determinó edificar en aquel lugar un palacio, que sería su residencia de verano durante diez años de su reinado.

El pueblo de La Isabela y toda su historia quedaron sepultados por las aguas del pantano de Buendía al inicio de la segunda mitad del siglo XX. Como último vestigio de aquel Real Sitio, solo se conserva una estatua conocida con el nombre de Mariblanca situada en una plaza de Sacedón.

Esta comarca fue pionera, en lo que al turismo provincial se refiere, por las obras de los dos grandes embalses. Y Sacedón, villa bien cuidada, y su acogedora población, han colaborado aprovechando las posibilidades que las circunstancias les brindaron.
Antiguo balneario de La Isabela

En la plaza principal se puede admirar la iglesia parroquial del siglo XVII, con portada renacentista y esbelta torre. Interesará al visitante conocer la ermita de la Cara de Dios, entrañable monumento cargado de leyendas. Y también el monumento al Sagrado Corazón, de veintitrés metros de altura, situado sobre la cima de un cerro, que recuerda el final de la magna obra de los dos embalses: Entrepeñas y Buendía
Iglesia de Sacedón

Nuestro viajero después de haber yantado frugalmente una buena ración de cabrito asado, plato típico de la zona y unos deliciosos bizcochos borrachos, decidió acertadamente dar un paseo por la villa y recorrer sus calles y monumentos, para así ayudar a la digestión del rico almuerzo. Después tenía pensado extender su ruta en automóvil hasta el pantano de Buendía y conocer los encantadores lugares que hasta allí se extienden.
Monumento al Sagrado Corazón
Tras de atravesar la población de Sacedón, para tomar la CM 2000 dirección Buendía, al poco tiempo ya observaba el espectáculo de una orografía de extraordinaria belleza, con altos roqueros adornados de frondosos bosques de pinos, que se extendían hacia las serenas aguas del embalse. Forman pequeñas bahías, donde los bañistas aprovechaban los cálidos días de principios de un otoño veraniego; y no muy lejanos surcaban las aguas pequeños veleros como si de un mar se tratara.

En un momento reparó en una carretera que se sumergía en las aguas. Pensó que iba en dirección al pueblo de Santa María de Poyos y a la Isabela con los Reales Baños, perdidos en el fondo del pantano.

Llegó hasta la presa del embalse, situado entre las provincias de Guadalajara y Cuenca, cerca de la localidad de Buendía del que recibe su nombre. Está situado en el cauce del río Guadiela, afluente del Tajo. Tiene un embalsamiento de agua y de extensión, superior al de Entrepreñas, y baña diversos términos de ambas provincias.
Pantano de Buendía

Nuestro viajero se embelesaba oteando con sus prismáticos los altos roqueros,  y pinares, por los que planeaban buitres leonados, viendo saltar lar carpas sobre las verdes  aguas. En ese entorno se alzaba el horizonte, en un cielo azul con matices lejanos de tenues nubes blancas. El sol lucía con un ardor tan estival y deslumbrante, que no parecía se estuviera en fechas  otoñales



Regresó tarde, pues aprovechó el tiempo para hacer una ruta que le habían indicado en el restaurante cuando estaba almorzando. Se trataba de la Ruta de las Caras, que saliendo de la población de Buendía discurre por un camino de tierra con poco desnivel, entre pinos y grandes rocas con vistas al pantano. Sobre la piedra están talladas caras diversas: budas, vírgenes, figuras geométricas, etc. Algunas de hasta ocho metros de altura. Verdaderas obras de arte creadas por Eulogio Reguillo y Jorge Maldonado. Quedó encantado por esta inesperada ruta recomendada,

Cenó frugalmente y ya cansado decidió dormir pronto para reparar fuerzas, pues al día siguiente tenía pensado visitar el otro pantano menor: Bolarque.

Después del desayuno partió hacia el citado embalse situado a 23 kilómetros. Tomó la C-204 en dirección a la villa de Sayatón, a pocos kilómetros de haber dejado la presa de Entrepeñas, ya en el valle abandonando la carretera N-320 con dirección Guadalajara. Llegó al término de la citada población de Sayatón y, conforme se indicaba, se desvió hacía la presa de Bolarque, situada a escasos minutos. El embalse está encajonado entre montañas que forman la sierra de Altomira. Sus aguas proceden de los embalses de Buendía y Entrepeñas. Fue inaugurado en 1910 como central hidroeléctrica. Desde este embalse se realiza el trasvase de agua, llamado Tajo/Segura, a la citada comarca murciana.
Pantano de Bolarque. Al fondo las tuberías para el transvase Tajo/Segura

Nuestro viajero subió paseando hasta la presa desde donde apreció un bello espectáculo, admirando la gran obra humana que se realizó en tiempos más lejanos.
Panorámica del Pantano de Bolarque
También se enteró, de que éste embalse  goza de una original playa, a pesar de estar en el centro del país. Playa que tiene socorrista, amplias zonas de descanso, de césped y de arena. Lugar de merendero, y un bar que dispensa comidas y bebidas. Para acceder hay que pasar por la villa de Albalate de Zorita, y después entrar en la urbanización  Nueva Sierra de Madrid, la cual está vigilada, teniendo que indicar la intención de ir a la playa, y dando el dni  te indican cómo llegar. Hay que abonar seis euros por persona para mantener una de las playas más bonitas de la provincia.


Castillo de Anguix en el embalse de Bolarque

Nuestro viajero pensó dejar esta ruta para otra ocasión y decidió partir hacia Madrid, almorzar en el camino y tratar de llegar antes del anochecer. De regreso volvió a tomar la C-204, y llegando a la villa de Zorita de los Canes, paró para visitar el castillo de Calatrava y las ruinas de la histórica Recópolis, capital visigoda. Después continuó pasando por la villa de Almoguera, donde también se desvió para conocer su embalse.  Pasó por las villas de Albares y Mondéjar, y en esta última,  límite con la provincia de Madrid, decidió almorzar. Aproximadamente una hora después se adentraba en la provincia de Madrid, y para llegar a la capital tenía 63 kilómetros por delante.

En este viaje que había realizado, también la naturaleza se ocupó de sorprender a nuestro viajero, ya que alrededor de las impresionantes construcciones había visto bellísimos parajes. Lugares creados por la naturaleza y modulados por el hombre. Había sentido también fuertes impresiones, pero no se lamentaba de las rutas vividas por aquella zona de la Alcarria Baja; recordando tibiamente el viaje que realizó mucho tiempo atrás con su querido abuelo cuanto todavía era un niño, en menor medida y experiencia de la que ahora había disfrutado.

Noviembre 2016

Eugenio