De la noche lluviosa había nacido un amanecer con rocío fresco. A lo lejos se oía suavemente el carrillón del antiguo reloj situado en la torre del Ayuntamiento de Guadalajara, la capital alcarreña.
Daba las ocho de una
mañana tibia de nubes y cielo azul. Todavía se apreciaba una bella luna llena,
que relucía como una gran bola de plata y el destello estelar que se perdía por
el paso de las nubes. Con una suave brisa que animaba a abrigarse, pero no
obstante anunciaban una mejoría en el
curso de las próximas horas.
Era la primavera, a
primeros del mes de mayo, y la climatología se estaba comportando con ciertos
altibajos, alternaba con días lluviosos y cielos espléndidos de sol radiante,
con resultado de campos y jardines bellos, floridos y hermosos.
Aquella familia alcarreña,
ejemplo de corazones nobles, y espejo de honradez, almas inquietas y amantes de
viajar, especialmente por tierras
alcarreñas, y también por otros lugares de la geografía española, donde
encontraban mucho placer por conocer la diversidad de sus gentes, costumbres y
lugares idílicos que mucho tenían por descubrir.
A gala tenían mantener
fuerte unión entre todos ellos, como signo de buena ventura, y fin primordial
de estar siempre en paz y armonía, pues
para ellos la entidad familiar era sinónimo de un bien natural que todo humano
debe de potenciar, pues en ello, entendían, se encuentra gran parte de la deseada
felicidad.
Se concentraron en una cafetería situada a pocos metros del famoso palacio del infantado, icono de la ciudad. Monumento que goza de gran riqueza arquitectónica, con un gran museo de arte; y en él se escribieron acontecimientos importantes de la historia de España.
Habían proyectado nuevo
viaje por tierras de Extremadura, concretamente en la comarca de La Vera.
Tenían reservada la estancia, durante cuatro días, en una casa rural situada a unos dos kilómetros de la villa de Cuacos de Yuste, en pleno campo, donde la naturaleza explosionaba con un verdor extraordinario, rodeados de una frondosidad de infinitos huertos y árboles frutales, destacando los famoso cerezos de la comarca.
En la zona se encuentra el
famoso Monasterio de Yuste, donde el rey Carlos V decidió retirarse los últimos
días de su vida.
Después de desayunar
partieron para el destino proyectado, a
285 kilómetros de distancia. Llegaron a la casa rural concertada al medio día,
y después de ubicarse los nueve componentes de la familia que habían decidido
por el viaje, pues dos restantes no pudieron hacerlo por diversos compromisos,
decidieron conocer los alrededores de aquel lugar idílico que se prestaba de
una gran belleza natural, y disfrutaron plenamente bajo un sol radiante
primaveral.
Al rato ya estaba preparando el maestro parrillero y las féminas ayudantes, el primer almuerzo de las deseadas vacaciones.
En la tarde, se acercaron a visitar la villa de Cuacos. Y del rico entorno natural que rodea la localidad, pues se trata de uno de sus puntos fuertes; y se entiende que el rey Carlos V escogió sus alrededores, el Monasterio de Yuste, como lugar para descansar y retirarse los últimos días de su vida. De hecho Cuacos de Yuste ha sido declarado como Conjunto Histórico Artístico.
Cuenta una leyenda
histórica sobre aquella villa con el Emperador y su hijo bastardo llamado Jeromín, que viajando
este a Yuste de la mano de sus tutores para ver al Emperador, descubre que sólo
es un anciano y siente compasión por él. Cuando la muerte del Emperador
acaece al poco tiempo, la tutora del
niño se reprime en contar que él es hijo del rey.
Visitaron la distinguida Plaza Mayor porticada, que es considerada la más grande la comarca de la Vera, y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, monumento de interés cultural, que goza de un magnífico órgano del siglo XVI, realizado en Amberes y traído del Monasterio de Yuste.
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Otro lugar digno de visitar, y así lo hicieron nuestros personajes, es la casa de Don Juan de Austria o la casa de Jeromín, hijo del Emperador y de Doña Bárbara Blomber, donde vivió con su mayordomo.
Admiraron otras dos preciosas plazas, la de España, parcialmente porticada, y la de la Fuente de los Chorros, de singular belleza.
La significación de su distinguida naturaleza obedece a las aguas del río Tiétar y de varios arroyos procedentes de las cercanas montañas, pues se trata de la comarca que registra mayores precipitaciones de lluvia durante buena parte del año.
Al día siguiente realizaron visita a la villa de Jarandilla de la Vera, que tiene larga historia, especialmente porque en ella pasó varios meses el Emperador, en el palacio de los Condes de Oropesa, actualmente convertido en Parador Nacional, hasta que le construyeron el Palacio de Yuste, adosado al Monasterio del mismo nombre.
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También en esa villa
residió su citado hijo bastardo: Jeromín,
que pasó a llamarse Don Juan de Austria, después de la muerte del
Emperador, y sería el artífice de algunos de los más grandes éxitos del imperio
más extenso de la época, siglo XVI, por ejemplo la célebre batalla de Lepanto,
en la que también participó el inmortal escritor Miguel de Cervantes y
Saavedra.
Destaca la importancia de este capítulo de la Historia de España, pero especialmente lo que se distingue de esta notable villa de Jarandilla de la Vera, es el agua y la relación del ser humano con ella, que está enmarcada por dos cursos fluviales que nacen de la Sierra de Gredos: Jaranda y Jarandilla.
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Ambos cauces riegan impresionantes parajes naturales y muchas huertas, y campos de cultivo que rodean la población, donde se producen, por ejemplo, los pimientos con los que se elabora el delicioso pimentón de la Vera.
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Nuestros personajes,
después de visitar el distinguido parador, donde tomaron un refrigerio, y también fueron hasta
la Iglesia de Santa María de la Torre, construida sobre una peña entre los
siglos XII y XIII, en la que destaca su capilla Mayor.
En la tarde hicieron una ruta por una de las muchas gargantas existentes por aquella zona, la llamada garganta del Jaranda, donde lo salva una magnífica construcción del puente medieval llamado del Parral, por el que pasó el Emperador, en el año 1557 hacia el Monasterio de Yuste.
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Aprovecharon también para refrescarse en uno de los estanques naturales que se forman en el entorno, que se convierten en zonas de baño de la comarca de la Vera.
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Al tercer día de su estancia por aquella encantadora tierra, habían reservado visita para conocer el Monasterio de Yuste, y la estancia particular que habían habilitado para el Emperador, donde pasaría los últimos días de su vida.
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Puntuales fueron nuestros protagonistas a la hora indicada que les habían asignado para la visita del Monasterio de San Jerónimo de Yuste, mundialmente conocido por ser la última morada del Emperador Carlos V, y está integrado en el Patrimonio Nacional. En la actualidad es la sede de la ceremonia de entrega del Premio Europeo Carlos V en un acto que preside S.M. el Rey de España.
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Está situado en un entorno
privilegiado, que incluye itinerarios naturales: la visita al Monasterio y a la
Casa Palacio, la Iglesia y los claustros Gótico y Renacentista.
Recorrieron con mucho deleite, durante gran parte de la mañana, todo el magnífico conjunto arquitectónico del Monasterio, y especialmente la casa palacio aledaña al Monasterio “Cuarto Real”, que fue construido en los años 1554/55, según las instrucciones del Emperador. Destacando su sencillez y la lógica distribución para un retiro religioso, situado junto al altar de la iglesia, bajo el cual el Emperador pidió ser sepultado, y de donde su hijo el rey Felipe II ordenó trasladar los restos al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
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Mereció especial admiración el Claustro Gótico, del siglo XV, el espacio más antiguo que se conserva del Monasterio; y asimismo el llamado Claustro Renacentista, también llamado monacal, de planta cuadrada y de mayor número de elementos decorativos; y los extraordinarios jardines que completan una visita de encanto, por la cultura casi idílica que alcanza aquel lugar y su entorno de extraordinaria vegetación, pues su conjunto envuelve al visitante de una singular emoción por la armonía de la naturaleza y la historia concentrados en aquellos lugares tan especiales.
Al siguiente día habían decidido visitar la villa de Losar de la Vera, en la zona norte de la comarca, que se distingue, especialmente, por sus esculturas verdes extendidas por toda la población inundando jardines, con una simetría casi mágica, sobre arbustos en formas caprichosas cuyas creaciones parece sacadas de una fábula real, creando podas convertidas en arte, que hacen la delicia del visitante, donde se encuentra un mosaico natural de originalidad única, y las esculturas verdes decoran una floreciente y original villa, que se convierte en seña de identidad, orgullo colectivo y reclamo nacional e internacional.
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En las inmediaciones se encuentran varias gargantas por las que se deslizan aguas cristalinas e impetuosas, que provocan impresionantes pozas y estanques naturales, que hacen la delicia para el baño de los nativos y visitantes. Por allí pasaron nuestros personajes una mañana muy entretenida.
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Y por la tarde fueron a darse un baño en las aguas cristalinas de la piscina natural El Lago, término de Jaraíz de la Vera, cercano de la casa rural donde se encontraban. Aquella amplia y hermosa piscina se prestaba como lugar ideal para disfrutar de una tarde soleada. Es la mayor piscina natural de la comarca de la Vera, y una de las más visitadas.
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En la noche disfrutaron de una velada poética y musical a cargo de dos ingeniosos componentes de aquella familia, que siempre amenizaban con sus graciosas composiciones, uno al son de guitarra, y otro como cantautor, sobre temas de la actualidad, muy del agrado de todos por la singularidad e ingenio que demostraban.
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El día final de sus vacaciones por aquella encantadora comarca de La Vera, la dedicaron, los más atrevidos, a realizar una ruta por las gargantas en la zona de la villa de Guijo de Santa Bárbara, al norte de la Comarca de La Vera, para disfrutar de los diversos charcos naturales y la caída vertiginosa de sus aguas cristalinas, en lugares agrestes de mucho encanto, donde la naturaleza virgen se manifiesta de una belleza extraordinaria.
P.D. La posibilidad de
realizar un sueño, es lo que hace que la vida sea interesante. Solo una cosa
vuelve un sueño imposible: El miedo a fracasar. Paulo Coello.
Junio 2026
Eugenio



























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