Octavio se encontraba preocupado
por los tristes acontecimientos que últimamente acaecían por nuestro País.
Especialmente por los terribles fuegos que se iniciaron en la comarca norte de
la tierra alcarreña, zona que conocía por haber visitado en compañía de su
querido nieto Cesar, con motivo de los viajes que realizaban juntos por la
provincia.
Fuegos, posteriormente
acrecentados por su magnitud y tragedia, los habidos en la provincia limítrofe
de Madrid, y también en otras provincias
españolas. Como si un maleficio quisiera dejar en cenizas nuestra atribulada
España.
Asimismo, tampoco olvidaba
la tragedia de la Dana en la Comunidad Valenciana; y la sufrida en el accidente
ferroviario en la tierra andaluza; así como del famoso apagón que sufrió toda
la península ibérica. Todos, cuyas causas todavía siguen investigadas, Destacando también el lamentable flujo de inmigrantes,
que han invadido nuestras fronteras, especialmente en Ceuta. Y los sufridos
ciudadanos pendientes de conocer las responsabilidades pertinentes, que no todo
se debe atribuir a los fines del destino.
Sentía necesidad de
comentar con Cesar, todo ello y otras circunstancias, pues últimamente tenía menos relación con él,
después de llevar a cabo su enlace matrimonial en plena primavera, renovando su
vida después del compromiso que tenía con mucha ilusión y esperanza en
conseguir nuevos horizontes en compañía de una dulce y hermosa dama alcarreña,
por la que estaba profundamente enamorado.
Los fastos matrimoniales
se celebraron en el mes de Mayo, que no obstante, por razones económicas, lo
tenían programado para el mes de Julio, aprovechando los dos, su paga
extraordinaria del verano. Pero el abuelo Octavio colaboró económicamente para que
se realizara en plena primavera, que era la fecha que ellos verdaderamente
deseaban.
Los había invitado a
almorzar en un restaurante de la ciudad, junto a los padres de ambos.
Y ya en el pequeño
apartamento, donde el joven matrimonio tenía su residencia, habían invitado a
merendar a la familia.
En un momento aparte con
Cesar, y su reciente esposa, el abuelo Octavio, manifestó su preocupación,
porque estaba atribulado con la deriva de los asuntos que estaban acaeciendo
en nuestro País, sin que nadie se
sintiera responsable, como si las cosas ocurrieran por azar del destino, o por culpa de los demás, sin asumir crítica
alguna.
Su nieto Cesar, le
consolaba, diciéndole que al no estar en sus manos la resolución de las cosas,
mejor no preocuparse, que tan poco iba a arreglar el mundo por estar
atribulado.
-Mejor abuelo, piensa, que
pasado el tiempo de luna de miel que estoy viviendo con mi querida Lucía, vamos
a programar un posible viaje por tierras del Parque Natural del Alto Tajo en
Molina de Aragón, que hace tiempo lo tenemos algo abandonado.
-Cuanto te agradezco Cesar,
tus buenas intenciones, pero como final de la conversación, que no quiero
aburrirte, no pudo olvidar la famosa frase del sabio griego Homero, en su obra
La Odisea:
“Son ellos mismos, por su
insensatez, se procuran dolores que no les estaban destinados”
En esta cita de La odisea,
Homero hace una reflexión, por medio de las palabas del dios Zeus; en la
asamblea de los dioses sobre la responsabilidad personal y con la que tienen
los humanos de culpar a los dioses de sus desgracias, y Zeus en su reflexión se
centra en que no todas las desgracias se pueden atribuir al destino, sino que
en ocasiones se deben a sus propias decisiones. Ya que el hombre tiene libertad
para actuar como desee, también debe tener la responsabilidad de asumir las
consecuencias. Si decide dejarse llevar por la ambición o la falta de
prudencia, se arriesga a sufrir los embates del destino.
-Y te añado la frase del
célebre investigador, Ramón y Cajal “Lo peor no es cometer un error, sino
tratar de justificarlo, en vez de provecharlo como un aviso providencial de
nuestra ligereza o ignorancia¨.
Aprovechando la buena
disposición de su nieto, para seguir realizando salidas turísticas por la
provincia de Guadalajara, Octavio, se dirigió al joven matrimonio: “Como Laura sabe de
nuestras aventuras por la provincia, ahora desearía que ella participe con
nosotros en una salida hacia un sitio encantador, pues tengo entendido que
también le gustaría conocer lugares idílicos de nuestra querida tierra, que
tenía proyectado desde hace tiempo y lo dejé aparcado con motivo de vuestra aventura matrimonial”.
Ella asintió
favorablemente, por lo que el abuelo Octavio siguió contando su proyecto.
-Creo tenéis noticias sobre el Geoparque Mundial de la Unesco, Comarca Molina-Alto Tajo, reconocido por ser el primero y único de Castilla La Mancha, y el más grande de España, que es un tesoro natural de la provincia de Guadalajara, con más de 4300 kilómetros cuadrados, y abarca a 77 pueblos, algunos de los que ya conoce Cesar, por nuestros viajes de turismo que hemos realizado, y tenía pensado pasar un fin de semana en una zona concreta del referido Parque Natural.
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- Me refiero a uno de los territorios de naturaleza en estado puro, surcado por bellísima red de cañones y gargantas, que pone a nuestro alcance una prodigiosa diversidad biológica de belleza singular.
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-En esta ocasión, en la
zona de las poblaciones: Villar de Cobeta, Olmeda de Cobeta, Huertahernando,
Huertapelayo y Buenafuente del Sistal. En esta última villa está ubicado el
histórico y famoso Monasterio Cisterciense, que toma el nombre de la población.
Y en sus instalaciones, estimo reservar residencia para dos noches de fin de
semana, pues las religiosas que todavía
lo mantienen, regentan una hospedería anexa, para quienes buscan un retiro de
tranquilidad.
Al fin decidieron proyectar salir de turismo, por donde había sugerido el abuelo Octavio, en el siguiente fin de semana, próximo a los albores del otoño, cuando se presta la naturaleza con mucho esplendor por aquella comarca del Señorío de Molina de Aragón y Alto Tajo, y la climatología atenuada de los fuertes calores que últimamente venían padeciendo.
Habían reservado estancia para dos noches en la Hospedería del Referido Monasterio de Buenafuente del Sistal, lugar idílico, situado en un valle cercano del río Tajo, rodeado de frondosos bosques de pinares, sabinas y formaciones rocosas. Emplazamiento aislado y recogido, que refuerza desde hace siglos su carácter espiritual y contemplativo. Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XII, que fue fundado por canónigos de San Agustín.
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En 1245 se consolida como
monasterio femenino cisterciense, y desde entonces hasta la actualidad, el
referido monasterio ha permanecido habitado ininterrumpidamente por la referida
comunidad religiosa. Convirtiéndose en una comunidad monástica viva.
El conjunto monacal está
formado por iglesia románica, las dependencias de clausura y una hospedería
destinada a la acogida histórica de visitantes, cuya fama es extendida a nivel nacional e
internacional.
Uno de los elementos más
singulares del monasterio es el manantial que brota en el interior del templo,
en uno de sus muros, dentro de una hornacina, por lo que de esta fuente toma el
nombre del monasterio, y a ella se le atribuyen propiedades salutíferas desde
la Edad Media. La tradición recoge la
curación en 1242 del infante Don Alfonso, hermano del rey Fernando III el Santo,
después de beber de sus aguas.
El monasterio conserva elementos arquitectónicos de gran interés, como la portada románica exterior, y otra portada románica interior que da acceso al claustro. Destaca también la talla del Cristo de la Salud, vinculada históricamente al manantial, que sigue siendo objeto de devoción y rogativas en momentos de dificultades, tanto para la comunidad como para los fieles.
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En definitiva, un
monasterio vivo donde el agua, la piedra, el entorno y el silencio llevan ocho
siglos marcando el rito de la vida.
Cuando se enteró Cesar, de
la decisión de su abuelo reservar estancia en aquel sagrado lugar, de forma
jocosa le preguntó: “Abuelo no pretenderás que hagamos votos espirituales”.
-No Cesar, también es
bueno tener nuevas experiencias, en lugares singulares, donde puedes aprender y obtener impresiones desconocidas sobre el
comportamiento humano e interactivo con gentes de otros lugares, especialmente
de carácter religioso, sin alterar los principios de cada uno; apartados del
mundanal ruido, en un entorno de gran belleza natural.
-Espero que los dos
tengáis un buen recuerdo de este viaje, pues tengo entendido de la gente que
por allí ha pasado que han quedado satisfechos, especialmente por la sana y
sencilla atención que se recibe.
Nuestros personajes
partieron hacia el destino que habían proyectado días pasados, en un fin de
semana próximo a los albores de otoño,
cuando el clima se muestra más agradable, y los paseos se hacen más llevaderos.
Habían madrugado para desayunar
en el área del 103, de la A-2, con destino a la villa de Buenafuente del
Sistal, situada a 120 kilómetros de la capital, con una población de 13
habitantes, en cuyo lugar se encuentra la hospedería del citado monasterio.
Después de haber sido
recibidos con mucho agrado y dejando las bolsas que habían llevado para pasar las dos noches reservadas,
salieron a conocer aquella pequeña localidad, que pertenece al término
municipal de Olmeda de Cobeta. Su principal monumento es referido al histórico
Monasterio que toma su nombre. El que visitaron con gran admiración de cuanta riqueza
histórica contenida a través de los
siglos.
También pasearon por los alrededores, que guardan un cierto encanto, por tratarse de un enclave de belleza natural, que constituye uno de los grandes atractivos culturales y espirituales del entorno.
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Por la tarde, después de haber descansado un rato de siesta, decidieron visitar la villa de Olmeda de Cobeta, de unos 100 habitantes. En el corazón del Alto Tajo, rodeada de bosques y barrancos, que goza de unos paisajes privilegiados de naturaleza salvaje.
Visitaron la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol. El paisaje que rodea la villa es uno de sus mayores recursos turísticos, situado en las inmediaciones del Parque Natural del Alto Tajo. La proximidad del Monasterio Cisterciense aporta una dimensión histórica singular, además de las diversas rutas por caminos forestales que hacen la delicia de los andarines que se prestan a descubrir la plena y singular naturaleza de su entorno.
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Al día siguiente visitaron la pequeña villa de Villar de Cobeta, cercana a la de Buenafuente del Sistal, situada en una zona rodeada de exuberantes riquezas paisajística, destacando el famoso enclave que conforma el legendario Castillo de Alpetea, altísima atalaya rocosa que surge entre los bosques que bordean el río Tajo. Mirador excepcional desde donde se aprecia el impresionante espectáculo de gran parte de aquella bella comarca.
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Nuestros personajes
subieron en su automovil hasta aquel idílico lugar, siguiendo la indicación de
un cartel de madera que indicaba el camino a seguir hacia el llamado castillo
de Alpetea, que acababa en una pequeña rotonda, donde pudieron estacionar el
vehículo.
La zona se conoce como castillo de Alpetea, pero no existe tal castillo. Algunas leyendas sitúan uno antiguo del siglo X. Solo se aprecia una gran forma rocosa que vista desde lejos parece un castillo. Durante la Guerra Civil Española hubo una posición fortificada para controlar el Puente de San Pedro, testigo de las refriegas entre Requetés y Republicanos por el dominio del puente en la confluencia de los ríos Tajo y Gallo. Donde se aprecia dos ejemplos de nidos de ametralladoras en buen estado de conservación.
Nuestros personajes
también se admiraron de la vista del vuelo de los buitres leonados y alimoches
alrededor de los nidos extendidos por la alta zona rocosa.
En la mañana del domingo visitaron la villa de Huertahernando, municipio de 51 habitantes. Está situado sobre un elevado cerro, rodeado de bosques de encinas, pinos, sabinas y enebros. Su término está bañado por el río Tajo, por donde nuestros personajes realizaron una ruta, donde sintieron el dulce placer de encontrarse en lugares de encanto, respirando aire puro y hasta se refrescaron en las serenas y cristalinas aguas del río Tajo.
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Al regreso visitaron la
bonita iglesia parroquial, de una sola planta, en cuyo altar mayor se encuentra
la imagen de la titular, la Purísima Concepción, y se entra a la iglesia a
través de un pequeño pero distinguido pórtico.
También observaron con
mucho interés la fuente pública con abrevadero, mandada construir por el Rey
Carlos III.
Cuenta la historia, que a principios del siglo XIX, Huertahernando adquirió protagonismo, cuando la Junta de Gobierno de Guadalajara, tuvo una reunión en este lugar, además de organizarse la división de milicias del Empecinado, que tenía mucha actividad por aquellas tierras. En marzo de 1811 el general francés Hugo, padre del eminente escritor Víctor Hugo, atacó el municipio, que fue incendiado y la población saqueada por las tropas francesas, en conflicto con las españolas.
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Por la tarde, después del almuerzo, y ya de regreso a la capital de Guadalajara, decidieron acercarse a la pedanía de Huertapelayo, cuyo origen data de 1316. Está rodeada por un bello paisaje, con presencia de zona rocosa, por donde trascurre el río Tajo, entre impresionantes cañones. Entre su patrimonio cultural destaca el portillo y el retablo barroco de la iglesia primitiva, Santa María Magdalena; y el puente de la Tagüenza, sobre el río Tajo. El puente tiene un solo arco, construido en el siglo XIX, aunque fue volado parcialmente durante la Guerra Civil, y posteriormente reparado. Por él pasaron los antiguos gancheros, transportando sobre el río los maderos con destino final en Aranjuez.
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Es este un lugar de partida para cualquier excursión o práctica deportiva, desde donde se observa una espectacular panorámica, de una gran cresta caliza que flanquea la población. Desde lo alto las vistas son increíbles.
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Al atardecer, cuando el
sol declinante de iba perdiendo entre las crestas de las montañas colindantes,
decidieron regresar a Guadalajara. Y en esos momentos el abuelo Octavio
requirió de su nieto Cesar y de su esposa, la impresión que habían tenido del
viaje turístico.
-Abuelo, la verdad es que
ha sido un viaje original, algo distinto de los anteriores viajes que hemos
vivido los dos, al estar hospedados en esta ocasión en la hospedería de un
Monasterio. Y recuerdo, que ya insinuaste, en otro viaje realizado hace mucho
tiempo por aquí, siendo un jovencito que
estaba remontando la dulce colina de la juventud, la intención de pasar un fin
de semana entre cánticos gregorianos, lejos del mundanal ruido de la ciudad, y
te contesté que me apetecía estar mejor en un botellón con mis amigos.
-Pero al fin he deseado
complacerte por el cariño que te tengo, y confieso sinceramente que ha sido una
buena experiencia. Además, por haber acertado en visitar estos nuevos lugares
que guardan mucho encanto.
Lucia, que estaba muy
atenta de la conversación, dijo: -Yo nunca había estado en la hospedería de un
centro religioso, pero puedo atestiguar que ha sido una divina experiencia, y
no lo digo en broma, pues lo recodaré siempre con mucho agrado, por el
exquisito trato recibido, por el buen ambiente que se ha respirado. Y las
monjitas que nos han atendido que son encantadoras. Y por supuesto, las
poblaciones visitadas, junto a la extraordinaria naturaleza de estos lugares
que yo desconocía. Me ha resultado un maravilloso viaje.
Eugenio
Septiembre 2026










































