Google Analystics

Algo sobre mí

Algo sobre mí

Empleado de banca jubilado, amante de la música y la literatura, la naturaleza y las humanidades. Nacido en Guadalajara y conocedor ferviente de la provincia. Actualmente con residencia en Madrid, después de un largo peregrinar por diversas ciudades en razón a mi profesión; que ahora con ilusión trato de vivir esta nueva aventura, pues siempre he creído que la providencia nos ha dado el sueño y la esperanza como compensación a los cuidados de la vida.

Mostrando entradas con la etiqueta Historias y cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias y cuentos. Mostrar todas las entradas

05 junio 2024

LA MIEL DE LA ALCARRIA


 - Querido Cesar, ayer me informé por Nueva Alcarria, la prensa de la capital, que en este fin de semana se expondrá en la villa ducal de Pastrana, la exposición que anualmente se celebra relacionada con la miel y sus derivados. La que hicieron popular aquellos históricos meleros alcarreños en muchos lugares de España, y está considerada entre las mejores del mundo. 



- Que bien, abuelo, poder asistir y ver las distintas variedades de la miel, no obstante la extraordinaria que ya conocemos de la comarca alcarreña. Una oportunidad a la que no debemos de faltar, y te recuerdo no lo hicimos en otras ocasiones por impedimento de diversas circunstancias.

-Así es Cesar, es lo primero que haremos mañana, aprovechando las próximas jornadas primaverales que se anuncia, después de los diversos días que hemos tenido de intensa lluvia.

- Quiero recordar, Cesar, que José Feliu Codina, reconocido autor teatral, que nació lejos de la tierra alcarreña, pues era de origen catalán, aumentó su popularidad con un drama en tres actos, estrenado el 8 de enero de 1.895, en el teatro de la Comedia, al que puso por título “Miel de la Alcarria”. Aunque ya su fama era grande desde que estrenase la reconocida obra “La Dolores”, con aires de jota de Calatayud. 

-Su fama se engrandeció con su citada obra “Miel de la Alcarria”, que permaneció en cartelera madrileña durante varios años seguidos, antes de salir a recorrer  por diversas provincias. Siendo el escenario de la obra en la villa de Brihuega, que ya conocemos por su riqueza paisajística, especialmente por sus bellos campos de lavanda, que adquieren todo su esplendor en principio de verano, y que llaman la Provenza española. Además se la reconoce a través de la historia, ya que ha destacado en la comarca de la Alcarria de Guadalajara.

- Han sido muchos los productores de miel en las propias tierras de  la citada villa, y aledañas, los  que ofertaban la miel y otros productos de la tierra desde mediados del siglo XVIII. Pregonaban la dulzura del producto, originario principalmente de Brihuega, también en Sacedón, Peñalver, Pastrana y otras villas alcarreñas.

-Los vendedores ambulantes meleros alcarreños, pululaban por las calles de Madrid, principalmente, y de ahí viene la gran obra del creador teatral citado anteriormente. Ya los literatos de la época  pintaban a los alcarreños como: económicos, sobrios y trabajadores, pues solo así se concibe que vivieran con tan poca industria, y hasta que hicieran algunos ahorros, si los tiempos venían bien, que por mi profesión lo puedo atestiguar. No solo vendían  miel, también cargaban en sus alforjas con arrope, nueces, quesos y embutidos, ayudados en ocasiones con algún animal de carga.

-Te cuento, Cesar, que tengo conocimiento sobre un melero famoso de la villa de Peñalver, llamado Saturnino Pintado que, en torno a la década de 1880, junto a otros meleros de la citada villa, tomaron el relevo a tantos otros e hicieron  de la población su enseña de identidad con el producto de la miel, ofertándolo en la capital de España, que incluso el famoso escritor Benito Pérez Galdós, hizo eco de los meleros alcarreños en alguna de sus obras. Ya entonces  pregonaban aquello de ¡Miel de la Alcarria! ¡De la Alcarria miel! ¡Nobles y sencillas gentes de la castellana Alcarria!

-Como dato anecdótico, en la referida villa de Peñalver, en los últimos tiempos, tienen la singular costumbre de conceder periódicamente su peso en miel, a destacados personajes de la vida nacional.

-Abuelo, después de la introducción que has hecho sobre la miel alcarreña, con más interés deseo no faltar este fin de semana a la cita de esa exposición o feria sobre la dulzura de ese rico producto de nuestra tierra, aunque la tuya sea Extremadura, donde también gozan de buena miel.

-¿Y qué decirte más sobre la miel, que por tus estudios universitarios no  conozcas.

-Pues sí, abuelo, que algo conozco de ese extraordinario producto que la naturaleza nos brinda y cuyas bondades normalmente pasan desapercibidas para los humanos. Producto fluido, muy dulce y viscoso, producido por las abejas domésticas, especialmente a partir del néctar de las flores o de secreciones de partes vivas de plantas.

-La intervención humana en el proceso de explotación de los panales de la colmena es conocida como apicultura. Que la miel es conocida desde hace miles de años en el mundo, saborizante en diversas formas, alimento o medicamento. Se ha descubierto miel en las excavaciones que se han hecho en las pirámides de Egipto, cuando los faraones acumulaban en sus exequias funerarias diversos objetos y productos, entre ellos han localizado recipientes conteniendo miel solidificada, por supuesto, pero con adecuado tratamiento se ha llegado a considerar comestible.

- Las abejas utilizan parte del néctar recolectado para mantener la actividad de sus músculos utilizados en el vuelo, y tanto las abejas adultas como las larvas comen la almacenada, que gracias a la creación de colmenas artificiales, las personas han podido semi domesticarlas  y cosechar el exceso de miel. 

-Destacando también, que las primeras evidencias de su consumo se remontan a la más lejana antigüedad, alrededor del 6000 antes de Cristo, encontrándose ya representadas en pinturas rupestres. Y tengo que añadir que la miel goza de ricos componentes alimenticios, necesarios para la salud humana, por lo que se usa mucho en los usos culinarios considerando sus importantes contenidos antioxidantes y efectos antimicrobianos.

-También es un excelente conservante natural y altamente perdurable, que normalmente no caduca.  Cuenta la leyenda, que Alejandro Magno, cuando falleció, fue trasladado desde Babilonia hasta Alejandría, en Egipto, en el 323 a.C. utilizando la miel para evitar su descomposición.

Nuestros personajes decidieron salir temprano por la mañana del sábado de aquel fin de semana y no pernoctar en la villa ducal de Pastrana como hacían en otras ocasiones, porque Cesar tenía mucho interés en asistir el día siguiente en la mañana a un encuentro de balonmano, decisivo para el club de Guadalajara, que se encontraba en aquellos momentos el primero de la clasificación de la División de Honor Plata,  y ganando ese partido pasaba a la Liga Plenitude Asobal.



En 45 minutos estaban entrando por el arco de San Francisco para llegar a la gran plaza cuadrada de la ilustre villa llamada de la Hora, la más importante de la población, en cuyo lugar está situado el Palacio Ducal. Es éste el edificio más emblemático y representa una época de gran esplendor de Pastrana, porque en su propio feudo estuvo encerrada por orden del rey Felipe II, y pasó los últimos días de su vida, la enigmática y quizás intrigante Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Éboli, de belleza singular a pesar de estar tuerta. Decidieron visitarlo para que lo conociera Cesar, aunque el abuelo lo conocía de una ocasión anterior. Lo hicieron después de desayunar en un  bar  cercano de la citada plaza, ya que la exposición que tenían proyectado asistir era a lo largo de la mañana.

A Cesar le encantó conocer aquel histórico palacio de estilo renacentista, actualmente propiedad de la Universidad de Alcalá de Henares. Años atrás se realizaron obras de restauración y acondicionamiento para celebrar eventos culturales, y poder ser visitado por el público en general. Hasta no hace muchos años no se conservaba en muy buen estado, a pesar de tratarse de un monumento nacional  perteneciente a una villa declarada conjunto histórico-artístico nacional en 1968. Le impresionó, en particular, conocer el balcón enrejado que destaca sobre la fachada, desde donde la referida Princesa se asomaba una hora diaria para su contacto visual con el mundo, por ello el nombre que se le puso a esa plaza.

Sobre la exposición relacionada con la miel, motivo principal del viaje, salieron encantados nuestros personajes, observando la variedad de mieles expuestas, y aprovecharon la ocasión para comprar diversos tarros, pues eran enamorados de la miel y asiduos consumidores.

Después de haber descargado la mercancía en el automóvil que hasta allí les había llevado, se dispusieron a almorzar en uno de los diversos restaurantes en el que habían reservado mesa. Después de reposar tranquilamente  el buen menú alcarreño que  disfrutaron, decidieron pasear a través de las calles de la villa, todas ellas rodeadas de un encanto especial que embelesa ante el hechizo de los medievales escenarios que debieron de vivir los personajes ilustres que pasearon por ellas, especialmente el pastranero Juan Bautista Maiño, discípulo de El Greco, y maestro de pintura del rey Felipe IV, y los poetas del Siglo del de Oro, Manuel de León Marchante, Diego de Silva y Mendoza, y San Juan de la Cruz, que inauguró convento para hombres; pero especialmente, dos personajes emblemáticos, la citada Princesa y Santa Teresa de Jesús que fundó un convento de Carmelitas Descalzas. Ambas extraordinarias mujeres coincidieron e hicieron historia, aunque sus contrapuestas personalidades no encontraron alivio en sus espíritus. En el libro de las Fundaciones, Santa Teresa ya escribió sus incomodidades con la Princesa, por lo que la Santa tuvo que desistir de su estancia en la villa de Pastrana trasladándose a otra fundación castellana.



El abuelo Octavio quería que su nieto conociera la Iglesia Colegiata, la más relevante de Pastrana, que extiende hacia el cielo la belleza de su monumental construcción. Fue levantada en estilo románico alrededor del siglo XIII como iglesia parroquial de la villa Calatrava, siendo reconstruida y ampliada siglos posteriores, especialmente en el XVI por los primeros Duques de Pastrana.



Goza en su interior de un magnífico museo, destacando la famosa colección de  tapices góticos de Alfonso V de Portugal; y tiene numerosos altares y capillas con retablos y excelentes cuadros de personajes virtuosos e infinidad de otras riquezas artísticas. Los referidos Duques completaron su obra elevando la iglesia parroquial a Colegiata, dotándola de un cabildo de 48 canónigos, que superaba en número a todas las catedrales de España, excepto la Catedral Primada de Toledo. Y allí se encuentra el admirable monumento funerario de la Princesa y su esposo Fernando de Silva, mandado construir por el hijo séptimo, Fernando de Silva y Mendoza,  obispo que fue de la ciudad mitrada de Sigüenza, uno de los diez que tuvieron los referidos duques.



Nuestros personajes, estaban encantados de haber pasado un feliz día por aquella Comarca Alcarreña de Guadalajara y decidieron regresar antes del anochecer, que la tarde estaba decayendo y tenues rayos de sol asomaban por las colinas que circundan la villa de Pastrana.

 

Mayo de 2024

Eugenio

 

 

 

 

 

15 enero 2022

LOS SOÑADORES

 


Todos los humanos tenemos la experiencia de soñar y son infinitos los modelos de nuestros sueños, unos los recordamos y otros se desvanecen al despertar.

Hay también sueños que idealizan las personas para manifestar un pensamiento, como el de nuestro poeta y dramaturgo Pedro Calderón de la Barca en su célebre obra: La vida es sueño. -¿Qué es la vida? un frenesí. ¿Qué es la vida? una ilusión,  una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son” -Famoso monólogo del personaje Segismundo en la citada obra.

Así como Platón, en su obra describía que el ser humano vive en un mundo de sueños y de tinieblas, cautivo en una cueva, como mito, de la que solo podrá librarse haciendo el bien, desistiendo de todo orden material para llegar al triunfo de la luz..

Hay sueños que llegan más allá de las estrellas, pues hay rayos de luz en el corazón de las personas, y creo que la historia de muchas empresas realizadas por los humanos, son el resultado de grandes sueños, así como los deseos y  ansias de cambiar el mundo.

Recuerdo también un refrán muy acertado en estos momentos: “Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería. Así el sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos”.

Y esta tarde recordaba el famoso sueño que manifestó Martín Lutero King, clérigo y premio Nobel de la paz norteamericano, uno de los líderes para la defensa de los derechos civiles e importante defensor de la resistencia no violenta a la represión social. Su histórica frase “Tengo un sueño” representa una de las expresiones clave del discurso que pronunció ante unas doscientas cincuenta mil personas en el Park Lincoln Memorial, en Washington, y ante la estatua erigida al presidente Abraham Lincoln el 26 de agosto de 1.968, en la ciudad de Memphis, ciudad adoptiva del rey del rock and roll, Elvis Presley.

Mi recuerdo al famoso premio Nobel de la paz americano, viene a colación por otro sueño que hace tiempo había tenido mi buen amigo Fidelio, oriundo de una ilustre villa en la comarca de la Alcarria, provincia de Guadalajara, persona de alta sensibilidad y que bastante emocionado, él consideraba como una premonición.  Por el interés que me produjo, intentaré reproducirlo con la mayor precisión que mi memoria me lo permita.

Soñaba mi amigo que se encontraba en un pueblo aparentemente admirable, que no acertaba a recordar su nombre, donde florecía la verdad y otras excelentes virtudes, que sus pobladores tenían como estandarte en su quehacer diario. Y estaban dichosos y felices con su destino.

Sus vidas, contaba, transcurrían por senderos de paz y concordia, pues el adalid que le dirigía había conseguido llevar a su pueblo con plena armonía, y de común acuerdo en los asuntos trascendentales, en convivencia ejemplar, siendo la admiración de los pueblos periféricos.

Las agrupaciones principales de cabecillas que formaban la alternativa para dirigir los destinos de aquel dichoso pueblo, aunque discrepantes en sus puntos de vista triviales, en lo fundamental, siempre por el bien de sus gentes, estaban de acuerdo, carentes de envidia, soberbia y egoísmo. Enterrando felizmente en el olvido todo atisbo de resentimiento por trágicos episodios acaecidos en tiempos pasados.

También me comentaba mi querido amigo, en relación a la enseñanza, el orgullo que sentían los padres por la alta formación cívica y el elevado grado de cultura obtenida por sus descendientes; la importante conciencia en el respeto a las personas mayores, en particular a los padres, y muy especialmente a los docentes; muy centrados en los valores eternos, con buenos principios morales y éticos en general, por lo que la sociedad de aquél pueblo, me explicaba Fidelio, la veía como un sólido faro estable contra vientos y mareas en el devenir de tiempos futuros.

Y recuerdo con cierta nitidez al narrar su experiencia, que en su sueño veía plena satisfacción de las gentes de aquel pueblo, premiando su laboriosidad, el esfuerzo, la eficiencia y la responsabilidad por el trabajo bien hecho y el afán de superación. Penalizando la chapuza, y a los gandules, zánganos, negligentes, pícaros y vividores. Más prestos a la galbana que a laborar por su pueblo.

También soñó por la importante demanda de mano de obra por el mundo empresarial; y la interesante inversión en nuevos proyectos de investigación y desarrollo de aquel pueblo.

Asimismo sus dirigentes fomentaban  el ahorro  e incentivaban los planes del futuro de los ciudadanos.

En su sueño, contaba emocionado, que los dirigentes que alternaban la administración de aquel pueblo, practicaban la virtud y eran probos e incorruptibles, rigurosos en la aplicación de la justicia, que respetaban escrupulosamente como resultado de la feliz convivencia.

Fruto de la paz que gozaban, era su gran austeridad en administrar los caudales que aportaban los confiados ciudadanos para el feliz desarrollo de su pueblo, evitando el derroche y mejorando la actividad con el adecuado funcionariado público.

Creo recordar, del peculiar sueño que describía mi amigo Fidelio, que presidiendo la entrada de un gran salón, donde parece ser se reunían los notables de aquel original pueblo, había una placa en mármol blanco en el que estaban esculpidas en letras de oro, el siguiente texto: -Nunca te dejes alucinar por sueños y falsas promesas, que solo esperes el resultado de tus esfuerzos, pues todo humano honesto debe buscar su porvenir y fortuna por medios honrosos-

Hace unos días me llega la noticia de que mi amigo Fidelio se encuentra internado en un centro para enfermos mentales, aquejado, según se le ha diagnosticado, de fuerte conmoción que le produjo volver a la realidad después del sueño idílico que había tenido, y que su  sensibilidad le había atormentado.

Como aquél vigoroso americano, que murió soñando ver fortalecidos los derechos cívicos de la comunidad negra americana, la sensibilidad de  Fidelio, que siempre soñaba por un mundo mejor, no ha podido resistir la aflicción que le ha producido comprobar la realidad, poco elogiable, que ya le venía atribulando.

En recuerdo de mi amigo, y haciendo honor a su sueño, yo también quiero soñar, que los que deben dirigir los Pueblos, que no sigan enzarzados en disputas sibilinas, entre si son cúmulos, cirros, estratos o nimbos los nubarrones que amenazan a los ciudadanos, cuando éstos les sugieren angustiados que apliquen el sentido común, con honradez,  lealtad y perfección,  para capear los temporales que se atisban en el horizonte como galernas peligrosas, que pueden llevar a todos sin excepción a la deriva, y evitando  se cumpla lo que se dice en la siguiente frase del escritor y científico alemán Georg Christoph Lichtenberg: -Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.

 

Enero 2022

Eugenio

12 marzo 2020

EL TROMPETISTA DE HAMELÓN



Historia de un pequeño país llamado Hamelón, en tiempos remotos. De escasa población, pobre y caótica, donde la miseria se enseñoreaba en los suburbios, no lejanos de suntuosos palacetes y castillos de señores feudales y de subversivas tribus.

En una noche bella y sin nubes, las numerosas estrellas increíblemente nítidas, no impedían ver el inmenso universo, a un abrumado rey que, desde la torre más alta de su alcazaba, se encontraba  atribulado por las tristes noticias que recibía de su pequeño reino. Eran tiempos  de pesadumbre y penuria.

Iba cumpliendo con su ritual nocturno, en solitario, como normalmente se encuentran las personas con alta responsabilidad sobre la población y el futuro del país que gobiernan.

Voces cercanas de aparentes amigos y confidentes le iban alertando de la precaria situación de su reino. Las tribulaciones le inquietaban y sus sueños alteraban, y solo encontraba cierto alivio, aunque fuera pasajero, observando el firmamento, intentando imaginar la solución de los problemas que le acuciaban.

Pero aquella noche, como algo mágico que nacía de su imaginación, presagió una solución tan inesperada como desesperada. Ocurrió entre las tinieblas de la noche, con la única claridad del fulgor que irradiaba una luna llena en todo esplendor, como una luz que iluminaba su entendimiento.

Llamó a la guardia personal que desde lejos vigilaba su seguridad, ordenando que llamasen a palacio a las personas de su gobierno y a su secretario personal. Aunque deseaba evitar que por absolutista le tuvieran, en los momentos de importancia para la seguridad de su reino y de sus gentes, cuya vida y porvenir dependían de los actos que fuera a sentenciar de forma colectiva, era el rey quien tomaba la decisión final.                                                                                                                                                                                                                         
Quería terminar con los problemas de la población que se sentía acosada por abusos de las tribus y sus caciques; de los impuestos que les imponían unos y otros; de los míseros precios de sus cosechas, y los salarios que se les imponía. De las corrupciones que alteraban la vida ciudadana, teniendo que intervenir los soldados del reino para evitar conatos de rebelión, en un país antaño pacífico, heredado de sus antepasados.

En aquel pequeño país, también existían pícaros buscavidas  y valentones, que con facilidad sacaban la espada, el florete o el puñal para robar o saciar venganzas; corruptos de la corte real sin olvidar los recaudadores de impuestos, y otras joyas de la historia humana. Pululaba la envidia, la incompetencia, las rencillas y rencores, y la avaricia de muchos que no tenían en cuenta que todo en la vida se tiene a título de depósito temporal, convirtiendo la convivencia en un bebedero de patos. Difícil de conseguir la armonía entre las diversas tribus, aumentando el desconcierto del atribulado rey, que gozaba de buenos principios, pero carecía de energía para afrontar con severidad los problemas de su país, por lo que temía perder su autoridad, pese al entusiasmo que recibía de los más  beneficiados de su  pueblo.

No obstante mantenía la esperanza  de encontrar soluciones para que su país fuese feliz, y también por salvar su pellejo y el de su familia.

Reunidos estaban los convocados y el rey les expuso su idea para resolver los problemas en cuestión, y de esta forma les dijo:

-Observo no tener respuesta positiva de vuestra parte dar solución a los delicados momentos que vive nuestro país, por lo que propongo llamar al famoso trompetista Goethe, que con la magia de su palabra y la armonía de sus baladas musicales  en otros países ha conseguido apaciguar la furia de las gentes. Vuestro rey comparte la insatisfacción del pueblo de Hamelón, y deseo castigar a quienes  les aflige y hacen daño y se aprovechan de sus debilidades, siendo mi intención de luchar por su futuro, y recuperar los decaídos valores humanos de nuestro reino-

Los convocados quedaron asombrados por la proposición real, pero para no alterar su relación con el rey, dócilmente asumieron lo que entendían se trataba de una descabellada forma de dar respuesta al deterioro del país, aunque ellos mismos fuesen incapaces de resolverlo.

Considerando el rey que callando sus ministros otorgaban la decisión de aplicar su idea, ordenó llamaran al trompetista para que se presentara en el castillo.
Llegado a presencia del rey aquel mágico músico y  de reconocida oratoria, de esta forma le propuso actuar por todos los lugares del reino:

-Después de tus bellas baladas musicales, hablarás al pueblo en mi nombre en todas las tribus y aldeas, con lenguaje sencillo, pero contundente, con razonadas pláticas para el convencimiento de las gentes, también con el auxilio de tu imaginación y  la energía de tu experiencia. Especialmente a sus caciques, a los nobles y señores feudales que habitan en sus castillos y palacios, y a todos aquellos que se consideran por encima de los más humildes, para que les respeten y no humillen, y no se aprovechen de los vasallos y lacayos, y de los laboriosos hombres y mujeres que cultivan la tierra que nos alimenta, así como de los pescadores que se juegan la vida por nosotros en la mar bravía-

-A los afanados alfareros, caldereros, toneleros,  curtidores, herreros y otros oficios y gremios dignos de considerar, tan necesarios unos y otros para el engrandecimiento de nuestro reino. Insistirás que se valore la honradez de todos, la lealtad y el honor, la dignidad y el comportamiento humanitario hacia  los más débiles curtidos en el infortunio y el sufrimiento-

-Destacando que todos han de respetar  las leyes del reino, que de no ser cumplidas, serán castigados severamente-

-Informarás a tu rey en un tiempo prudencial, pues los problemas acucian y hemos de dar cumplida respuesta conforme hayas actuado, que de ser positivos los resultados,  serás bien remunerado y elevado a la categoría de músico de la corte real. En esa empresa importante te acompañará mi secretario personal y varios soldados para tu seguridad-

Pronto partieron expectantes y gozosos en cuanto a la excepcional empresa que les aguardaba, especialmente el trompetista y poeta, que ilusionado estaba por haber contado con la confianza de aquel rey iluminado, que les alentaba por el éxito de la acción histórica que iban a realizar por el bien del reino de Hamelón.

Pasaron días y días sin tener noticias del trompetista y sus acompañantes, y el rey ya estaba intranquilo por conocer si estaba solucionada la infección de los males de su reino, esperanzado de que aquel mágico personaje lo lograría. Pero de sus informadores recibía noticias poco alentadoras.

Al atardecer de un día soleado y limpio el horizonte,  se encontraba el rey en la torre del homenaje, donde con frecuencia se situaba desde hacía días a la espera de noticias, observó que regresaba  solo una persona de cuantas había enviado para tan alto cometido, que cabalgaba lentamente sobre un caballo y que no pudo distinguir bien hasta estar cerca del castillo. Se trataba de su secretario personal que  aparecía maltrecho y a duras penas se sostenía sobre su corcel. Rápido bajó a las estancias inferiores para recibir a su secretario, y al verle tan abatido y a punto de desfallecer, los malos augurios le hicieron sospechar lo peor.

Aquel pobre hombre, apenas  balbuceando, comenzó a contarle como grupos de reconocidos matones al servicio de los señores feudales, de las tribus y sus caciques, y otras malas hierbas, les habían apaleado, ensañándose especialmente con el trompetista, y les echaron al mar para acabar con sus vidas, más él pudo salvar la suya; pero que dándole por muerto, pudo nadar mar adentro hasta  asirse a un madero, y  muchas horas después la corriente le llevó a la orilla agotado y desfallecido. En una aldea le atendieron, y recuperado en parte, continuó su camino.

Asombrado el rey del espectáculo, mandó que llevaran  a su secretario a los aposentos reales para reponerse de su trágica aventura y tranquilizar sus ánimos, para que después  le pudiera contar la historia de lo sucedido. Una vez recuperado de su convalecencia, al cuidado del médico real, el rey  decidió visitar a su secretario, para interrogarle y saber los motivos de tan extrañas circunstancias.

-Majestad- dijo el secretario, todavía atemorizado por los hechos que había vivido -nuestro reino está perdido. Se han sublevado varias de las tribus a la órdenes de sus  caciques más levantiscos y también gran parte de los señores feudales, además de otras gentes a las que han intoxicado con sus proclamas sediciosas, que no asumen las diatribas que vuestra majestad recomendó al famoso trompetista, quien con mucho ardor y entusiasmo trató de convencer a las gentes en general de las bondades para la felicidad del reino-

-Pero me cuesta mucho confesar a vuestra majestad que, su amado pueblo, en el que tenía puesta toda esperanza por conseguir su felicidad, al no ver realizados sus sueños y vanas las promesas recibidas, se ha rebelado  contra su rey, junto a bellacos tabernarios, malandrines aventureros y gentes de malvivir, además de los bufones de palacio. Creo que el sentimiento de reparación personal o colectiva está en el instinto natural de las personas, que surge cuando el rey y su gobierno son incapaces de resolver sus problemas, la miseria de sus vidas, y se ven traicionados por promesas incumplidas, y frustradas las  esperanzas que tenían en su rey-

-Majestad, cierto desorden se va extendiendo por el país, y hasta los soldados, que hasta no hace mucho tiempo velaban por su custodia, ahora hacen causa común al lado de los rebeldes. Creo que es el precio de la vida y del oficio del rey, que contentar a todos es de suma dificultad. Confieso, que un pueblo donde el sufrimiento no es algo que considere extraordinario, pues su miseria y dolor le es tan natural como la vida y la muerte, en un momento indescriptible, se rebela contra el que entiende no soluciona sus males-

-Las intenciones de su pueblo son las de asaltar el castillo, destronarle, respetando su vida y la de su familia, pero a su majestad le condenan a cabalgar sobre un simple jumento, como alma errante por todo el país, para que conozcan de verdad la realidad de su pueblo hasta el final de sus días-
                                                                                                     P.D.:”Quienes buscan la verdad, merecen el castigo de encontrarla”  S.Rusiñol

Eugenio

Marzo de 2020


                     

30 noviembre 2019

HISTORIA DE UN ABUELO Y SU NIETO



El octogenario Octavio, asomado en la terraza de la casa en la que vivía con su hijo Lucio, su nuera Clara  y su nieto Cesar, contemplaba el cielo desde temprana hora de la mañana y se maravillaba de aquel alborear tan distinto de días anteriores que habían padecido de muchos nubarrones, con serias tormentas que inundaron las calles de la ciudad de Guadalajara. Ahora eran sus ideas que afluían a borbotones en su veterana cabeza aderezada con escasos cabellos plateados. Se mostraba triste y preocupado  por los acontecimientos de toda índole  que se estaban produciendo en nuestro País y por la esencia de su propia vida y la de su familia, apreciando serias dudas sobre el horizonte de tiempos venideros.

Había decidido salir a pasear con su nieto, aquel sábado del mes de Mayo víspera del  aniversario de su nacimiento. El cielo prometía un hermoso día. La luna pálida en un rincón del cielo, destacaba, sin embargo, en el campo gris azulado del inmenso  universo. Algunas nubes se extendían en el horizonte con aspectos desiguales de un bello azul, y los rayos del sol intentaban abrirse paso entre rosadas nubes, para florecer un nuevo día por el lejano levante.

Después de desayunar decidieron pasear hasta el Parque de la Concordia,  con más de 150 años de larga historia. Es un lugar de encuentro de gentes variopintas, especialmente de mayores que  charlan animadamente, y con frecuencia exponen sus lindezas en competir sobre sus males; de jóvenes enamorados, y de niños con sus juegos. Todos amenizan con su presencia los hermosos jardines, con el bien trazado de sus diversos paseos alfombrados a un lado y a otro de bonitos diseños de rosales y otras plantas, con variadas  y sinuosas lomas de césped.  En el centro del espacioso lugar destaca un artístico kiosco donde se celebran conciertos de bandas musicales. También luce una bonita y luminosa fuente  elevando con fuerza diversos chorros de agua hacia el cielo.

Después de un rato de contemplación del entorno, con cierta nostalgia el veterano Octavio comentaba a su nieto, que la mayor  parte de las personas, especialmente los que ya tenemos avanzada edad,  nos quejamos de la maldad de la naturaleza, porque nos ha engendrado para un tiempo tan breve y porque la vida corre tan veloz, tan rápida, que si exceptuamos a unos pocos, a todos los demás les priva de ella en el preciso momento en que se aprestan a vivirla. Pues bien es cierto que hace falta una vida para aprender a vivir.
Así se manifestaba en la charla con su nieto, que más parecía un monólogo, al que le confesaba que no le había entusiasmado el haber traspasado, la que él llamaba con cierta ironía, línea roja del grupo  de los ochenta.

Para animarle, su nieto trataba de convencerle que no debía de caer en  desaliento, porque otros estaban peor que él, además por el mucho cariño que recibía de su familia. En su próximo cumpleaños se lo iban a demostrar  ofreciéndole un destacado homenaje: un almuerzo familiar en un distinguido restaurante de la ciudad.  Un regalo especial, que él desconocía (se trataba de un reloj de pulsera de prestigiosa firma suiza, que su nieto no le quiso descubrir). También  tenían reservada la asistencia, acompañado de la familia, a un espectáculo musical en el Teatro Auditorio Buero Vallejo, donde estaban representando el Sombrero de Tres Picos y el Amor Brujo de Manuel de Falla, y la Suite Iberia de Isaac Albeniz, músicos por los que sentía verdadera admiración. Así mismo, manifestó su nieto que se le había gestionado la estancia en un balneario de los que el Imserso tiene programados para el dorado mundo de los jubilados, donde siempre encontraba feliz esparcimiento.

En tiempos pasados, antes de fallecer su esposa, eran asiduos en acudir a los programas de termalismo, que el citado Organismo organiza anualmente.

No obstante los momentos en los que sentía  cierta tribulación y nostalgia, estaba feliz con su familia por las atenciones que de ellos recibía, pero especialmente preocupado por su menguada salud en los últimos años. Pensaba y los transmitía con cierta preocupación, pues observaba tener disminuidas sus posibilidades físicas, para avanzar en la aventura de la vida con el optimismo que siempre había demostrado. Significaba el no poder realizar normalmente deseados paseos, como lo hacía anteriormente, recorriendo la ciudad de Guadalajara, y observar con deleite  sus riquezas monumentales e históricas; así como viajar por la provincia, especialmente acompañado de su querido nieto Cesar, con el que tenía una comunión, no solo familiar, también de compañero de fatigas en los viajes y confidente de sus tribulaciones desde que quedó viudo, y se acentuó su tristeza y soledad. No obstante, fue atenuado por el cariño mutuo que sentían.

Tiempo atrás recorrieron juntos buena parte de la ciudad y de la provincia, disfrutando de las cosas bellas que iban descubriendo.

Octavio recordaba con entusiasmo sus largos recorridos por el norte de la provincia, visitando los bellos pueblos de la ruta de la Arquitectura Negra del Parque Natural  de la Sierra Norte, que engloba las sierras de Ayllón y Pela, y los espacios de la Tejera Negra, con el macizo de Pico Lobos y Cebollera, continuación del Sistema Central, que limita con las provincias de Madrid, Segovia y Soria. Uno de los lugares más montañosos de la comarca, destacando el famoso pico Ocejón, el más alto de la provincia de Guadalajara con más 2.000 metros de altitud, al que se atrevieron subir, no con poca fatiga del abuelo queriendo competir con su nieto, que contaba entonces con 14 años.

También le dejó buen recuerdo los días que pasaron en una casa rural en el pueblo de El Cardoso de la Sierra, limítrofe con la Comunidad de Madrid, a pocos kilómetros del famoso Hayedo de Montejo, los bosques de haya más meridionales de Europa, con rincones de inolvidable belleza y encanto.

Su nieto también le recordaba con cierta admiración las cosas hermosas que descubrieron en sus viajes, recorriendo la Reserva Natural del Alto Tajo, en la zona de Molina de Aragón, con sus numerosos arroyos y ríos, destacando el Tajo y Gallo, formando impresionantes barrancos y profundos valles, dando un aspecto de serranía de singular belleza. Observaron con admiración rincones hermosos e inesperados, como el Barranco de la Hoz, en el río Gallo, formando  el Parque Natural del Alto Tajo, que junto con el Hayedo de Tejera Negra en la zona norte, forman los dos parques naturales que goza la provincia, ambos de gran belleza por lo agreste del paisaje.

Así mismo no olvidaba los momentos felices vividos  por la extensa comarca de La Alcarria, la que ha dado mucha fama por la producción denominada Miel de La Alcarria, a nivel nacional e internacional.

Y el viaje inolvidable por  tierras de Extremadura, en recuerdo de su abuelo y del familiar de uno de sus amigos, oriundo de la ilustre villa de Barcarrota, lugar de gran riqueza histórica.

También extendieron sus ricas vivencias por la Mancha, concretamente por la ciudad de Tomelloso,  en honor y recuerdo igualmente de otros buenos amigos.

El joven nieto también recordó el extraordinario viaje que realizaron  a Grecia toda la familia, y el ensueño fantástico que tuvo en la noche anterior al viaje.

Cesar que estaba en el ecuador de su carrera universitaria de turismo, también recordó el largo paseo que realizaron por la ciudad, especialmente, por el Palacio del Infantado, joya arquitectónica más importante y representativa que la familia de los Mendoza ha legado a la capital alcarreña, y simboliza el arte y la historia de Guadalajara.

Muchos recuerdos  afluían por la mente joven de Cesar,  pero no llegó a concluir otros más, porque sentía que su abuelo estaba a punto de derramar alguna lágrima. Llegando el mediodía, decidió sugerir a su abuelo caminar  hasta un conocido  bar cercano y tomar unas copas con el deseo de  animarle. Allí charlaron animadamente de todo lo humano y divino, de los momentos actuales y principalmente por el futuro de Cesar, por el que su abuelo estaba  muy orgulloso, por sus buenos sentimientos  y destacados  principios.

Al rato siguieron camino hacia el barrio limítrofe  de San Roque, donde la calle principal es peatonal.  Había desaparecido la casa en la que habitó Octavio durante muchos años, poco tiempo después de haber llegado a Guadalajara procedente de su tierra extremeña, en su lugar se había construido un  edificio moderno. El paseo estaba cambiado con algunos  otros edificios modernos, con varios bares, cafeterías y restaurantes, pero quedaba la esencia del encantador paseo antiguo de los guadalajareños.

Después pasearon por sus bellos y modernos jardines, e  idílicos estanques donde nadaban patos  y cisnes, y reinaba la paz y el sosiego. Tomaron asiento cerca de la histórica ermita del santo que lleva el nombre del barrio, y con vistas al famoso Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, uno de los monumentales mausoleos funerarios más grandiosos del País.

Estaban pensativos ambos personajes disfrutando de aquellos momentos, con la bonita perspectiva que les rodeaba. Pero al rato el abuelo Octavio, como si estuviera ensimismado en sus pensamientos, dijo a su nieto:

-Querido Cesar, no puedes imaginar lo que agradezco tus buenas intenciones y las de tus padres por cuanto hacéis por mí, y nunca lo olvido, pero la vida me ha enseñado reconocer  que generalmente olvidamos la caducidad humana, sin reparar que la naturaleza es inexorable en aplicar sus misterios, que nos hacen  sucumbir al rigor del destino, por lo que todos  caminamos hacia el mismo fin, pues no hay nada eterno y pocas cosas duraderas, que todo lo que tuvo principio ha de tener su fin.

-No obstante, mis tribulaciones se disipan y la felicidad me acompaña cuando estoy con mi familia y con mis buenos amigos, que la enriquecen por los momentos venturosos que paso con todos, y consigo liberarme de los temas que me causan tribulación. También gracias al sueño y la esperanza que la Providencia me ha dado como compensación,  viviendo experiencias especiales con la música y la  literatura.

-Y por último, Cesar, si algún día ves que ya no sigo, no sonrío o callo, solo te pido que te acerques a mí y dame un beso, un abrazo o regálame una sonrisa, con eso será suficiente.

Su nieto afectado por el melancólico mensaje del abuelo, con su mejor intención de animarle,  le recordó el bonito y reconfortante poema -NO TE RINDAS- del famoso escritor Mario Benedetti:

“No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.

“No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.

“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.

“Porque existe el vino y el amor, es cierto, porque no hay heridas que no cure el tiempo, abrir las puertas quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron.

“Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.

“No te rindas por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,  aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque ésta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, porque te quiero.

Con lágrimas en sus ojos, el abuelo Octavio se levantó y se fundió en un abrazo con su nieto.


Eugenio

Noviembre 2019


06 enero 2019

HISTORIA DE UNA ALDEA






En un lejano país existía una pequeña aldea circundada por inmensos bosques y un gran lago de agua dulce, pura y cristalina, que más parecía un mar, pues sus orillas se perdían en el lejano horizonte. Sus pobladores vivían humildemente de lo que la naturaleza les proveía en los boques y pequeños huertos donde cultivaban nabos, patatas y principalmente remolacha. También criaban animalillos como gallinas, patos, gansos y conejos, que tenían en cobertizos cerrados para resguardarlos de la inclemencia climatológica, especialmente de los duros inviernos, y de los zorros, lobos y osos que frecuentaban aquellos lugares. Además de la importante alimentación que obtenían del cercano gran lago donde abundaban diversas especies de peces: carpas, percas, lucios, tímalos y el más típico y solicitado  llamado omul, además de otras especies. También se alimentaban de diversos  crustáceos.

La vida de sus pobladores transcurría lentamente en el devenir de los días, pero todos tenían un afán común de subsistir en aquellos agrestes lugares, donde la providencia les había asignado desarrollar sus vidas. Pese a las muchas carencias que tenían apartados de las grandes urbes, sentían el privilegio de vivir entre paisajes tan salvajes como hermosos, de la pureza del aire que respiraban en el fastuoso entorno, con sus bosques, y de las aguas cristalinas que transcurrían por infinitos arroyos que desembocaban en el gran lago. Disfrutaban de la armonía de una naturaleza pura y apartados de la insana contaminación que suele intoxicar a los pobladores de las ciudades. Desde aquellos lugares se apreciaba el magnífico espectáculo del cielo y las fastuosidad del firmamento.

Era un pequeño mundo donde la felicidad se había asentado en el transcurso de los tiempos, conseguida por el bien hacer de sus gentes. Hasta aquel lejano lugar no había llegado el mundanal ruido de los creadores de envidias y rencores, de crispadas  conciencias y enfermizos alborotadores, de corruptos y pendencieros, de los que creen que obran mejor que los demás y son los que deciden poco y mal.

Aquellas simples y humildes gentes disfrutaban de la rica y variada naturaleza que hermoseaba sus campos, montes y grandes bosques, y los valles con sus arroyos y ríos. Con su sapiencia natural comprendían que con malos principios era imposible tener buenos fines, ni puede suceder cosa buena. Descubrieron que al compartir con los demás, bienes y sentimientos, sentían la alegría de ser útiles a sus vecinos, pues entendían que su proceder es de gente bien nacida, y que el buen vecino, como los buenos amigos enriquecían los sentimientos de sus vidas. Se afanaban en cultivar día y noche sus almas consiguiendo una feliz armonía social en su aldea.

En aquel lejano lugar no les abrevió sus vidas la envidia de la fortuna ajena, como ocurría en otras urbes. Eran felices también por su sencillez y humildad, y gozaban en su igualdad. Llegaron a concebir una aldea admirada por otras limítrofes y más lejanas.

No les atormentaba la maldad que engendra en los humanos para vivir un tiempo breve, pues vivían con la intensidad de los que disfrutan  sentir la dicha de ver el amanecer de cada día, libres y gozar del sol que graciosamente les ilumina y calienta, y tenían el sustento necesario  luchando por conseguirlo en cada jornada de su existencia.

Pero como todo lo concerniente a la aventura humana, en ocasiones la Providencia ofrece la parte amarga de la vida, con enfermedades y otras tragedias, y en aquella lejana aldea no estaban exentos de sufrirlas.

Una historia que ha llegado a nuestros días, cuenta que unos recién casados en la capital de la región decidieron pasar sus felices días, después de contraer matrimonio, por tierras desconocidas donde la naturaleza les brindase excepcionales oportunidades, apartados de los problemas que se daban en la gran ciudad que vivían.

Después de muchas horas de camino sobre un pequeño y viejo utilitario, con ciertas dificultades por las malas comunicaciones,  llegaron a la aldea de la que tenían conocimiento como un lugar idílico donde pasar sus felices días de ”luna de miel”.

Pasados los días de sus vacaciones, tan felices se encontraban en aquel pequeño paraíso en el que habían hallado  el afecto y cariño de sus pobladores, que decidieron quedarse a vivir, adquiriendo el compromiso que exigía las duras formas de vida para poder subsistir en un hábitat muy distinto al que habían dejado en la ciudad. Probarían durante un cierto tiempo, según decían, para acomodarse o regresar a su anterior forma de vida.

Pasaron  días y meses, y su alegría se incrementaba por la dicha que sentían de haber acertado escogiendo aquella aldea para vivir. Se atuvieron a la naturaleza de las cosas, que eso es sabiduría, y encontraron una vida feliz, que no se puede alcanzar más que con un alma sana y con perfecta salud. Alquilaron una pequeña casa, construyeron un cobertizo, criaron animales y labraron un pequeño huerto. También construyeron, con la ayuda de sus vecinos, una barca adecuada para surcar el gran lago y dedicarse a la pesca. Se habían convertido en jóvenes aldeanos.

Sentían una vida de inmenso gozo, que es la que disfruta el alma libre, recta e intrépida, sin ningún  miedo ni ambición; pues su único bien era la virtud y el amor por aquellos vecinos de la aldea que eran como sus hermanos; pues vivían contentos con sus bienes sin codiciar otra cosa que sentirse libres de todo mal, y con unas mentes sanas, de juicio recto. Estaban felices con todo lo que tenían, aunque las comodidades estuvieran por debajo de las  que habían tenido en la ciudad.

Llegada la fecha de Navidad, que por aquellos lugares  celebraban con mucho culto y pasión, nuestros dos personajes tuvieron la doble dicha de sentir que la esposa, una joven rubia, esbelta y llena de vitalidad anunciaba que estaba embarazada, por lo que según lo previsto, si no había inconvenientes, serían padres de un bebé para el otoño.

Ahora sentían momentos emocionantes, ilusionados y esperanzados por la nueva vida que esperaban, y estaban dispuestos  a permanecer firmes en el lugar que eligieron como suyo y a defenderlo contra los furores de una fortuna hostil.

Pese a las duras tareas que tenían para superar las diversas etapas de sus vidas, por lo que estaban muy entretenidos, les parecía que el tiempo transcurría con inquietante lentitud soñando con la llegada de la “cigüeña maravillosa” en la que tenían puestas todas sus esperanzas

Para finales de la primavera, ya habían empezado los deshielos y el joven marido tenía ya dispuesta la barca para la pesca en el gran lago. Había atendido los consejos de sus vecinos para que, la primera  en su aventura como pescador, saliera acompañado. Después de una larga jornada tuvieron suerte capturando gran número de peces, los que se repartieron entre los vecinos que no tenían barca para navegar.

Tan ilusionado había estado la primera vez en la pesca, que una vez se les había terminado para el sustento, decidió salir de nuevo, pero en esta ocasión pensó hacerlo en solitario.

Le habían comentado que el pescado típico de la zona llamado omul, era el más exquisito del gran lago, pero que tendría que adentrarse hacia aguas más lejanas, por encontrarse en zonas más profundas. Así lo hizo, y en ningún momento pensó que el viento que iba acrecentando su fuerza, le ocasionara dificultades para dominar la navegación de la barca. La única vela que la impulsaba se hinchaba tanto que parecía reventar y soltarse del palo que la sustentaba. Se había alejado varias millas lago adentro. Las dificultades acuciaron con el viento que seguía arreciando por la proximidad de una tormenta. Intentó virar cambiando de rumbo enfilando hacía la orilla, al tiempo que angustiosamente miraba en todas direcciones buscando la ayuda de algún otro pescador que pudiera prestarle ayuda.

Una ráfaga de viento escoró la barca hacía estribor, y el costado quedó sobre las aguas, desde proa a popa,  lo que hizo perder el equilibrio del desafortunado joven marido y futuro padre, que cayó al agua y poco a poco se fue hundiendo al mismo tiempo que la barca. 

Nadie había visto la tragedia y nunca más se supo de aquel ilusionado joven, que había sido víctima de las incomprensibles desgracias humanas, en esta ocasión fruto de su inexperiencia.

En la aldea vivieron con gran tristeza el infortunio de aquel matrimonio, cuya esposa quedó desolada esperando, sin lograrlo, el regreso de su improvisado pescador, sin perder  la esperanza durante días que en algún momento apareciera vivo o por lo menos encontraran su cuerpo yacente.

Todos  en la aldea ayudaron a la joven esposa y futura madre a superar la tragedia que había alterado sus vidas, y se volcaron para hacer más llevadera su existencia después de la tragedia.

Pero como suele ocurrir en toda aventura humana, que las desgracias no vienen solas. Pasado un tiempo la futura mamá se sintió extrañamente enferma, y todo era de suponer ocurría a consecuencia de los malos momentos vividos.

La enfermedad resultó ser el adelanto de fechas de la cigüeña, con un parto anticipado a su tiempo, cosa que nada agradó a la partera de la aldea, que siempre colaboraba en traer al mundo los niños de aquella aldea.

La asistió con gran voluntad para salvar las dos vidas que tenía como deber, pero solo lo logró con la criatura, que resultó ser una linda niña, de ojos azules, sin defecto alguno visible. Era pequeñita, linda y hermosa que lloraba desconsoladamente, lo que pronosticaba que gozaba de buenos pulmones.

Nuevamente la tragedia azotó a aquella atribulada aldea, y sus pobladores no acertaban a comprender que sus idílicas vidas fueran atormentadas con tan terribles sucesos en tan poco tiempo, y que la naturaleza se hubiera cebado en aquel joven matrimonio, que dejaba una niña al albur de  un futuro plagado de incertidumbres.

Las gentes de la aldea se hacían conjeturas, preguntas y tribulaciones que, estando gobernado el mundo por una Providencia Divina, las personas buenas, que así consideraban a aquellos  desgraciados jóvenes, estuvieran sometidos a terribles males.

La mayoría no entendían que las personas justas y cumplidoras con las doctrinas establecidas en aquella sociedad, que con su bien hacer colaboraba en la felicidad comunitaria, fueran víctimas de tan severo castigo. Aseveraban que a las buenas y virtuosas no les debería pasar nada malo. Pero el más anciano de la aldea que vestía larga barba blanca, con razonada convicción, calmaba los ánimos decaídos, comentando que la felicidad que no ha sido sometida a prueba en el infortunio, no sabe sufrir golpe alguno, por lo que tenían  que comprender y curtirse para no rendirse, haciendo frente a los momentos difíciles. También les dijo que: "La muerte es el último umbral por cuya puerta todos hemos de pasar, pero mientras tanto hemos de hacer el bien cuanto podamos. Y ahora vamos a solucionar el destino de esta encantadora niña que la Providencia  pone en nuestras manos para que siga por la vida recordando a sus progenitores, y propongo que sea hija adoptiva de nuestra aldea”. Todos aceptaron sin objeciones.

Aquel anciano, sugirió encontrar un matrimonio joven, sin hijos o con ellos, que deseen incrementar su familia, para que se haga cargo de aquella pequeñuela huérfana. Un hogar donde no le falte amor y el deseo ferviente de atenderla sin contemplaciones, y que todos los pobladores de aquella aldea, fuesen firmes padrinos, colaborando en todo con la generosa familia que acepte la crianza de la niña hasta su mayoría de edad.

Fueron varias familias que aceptaban la noble decisión de hacerse cargo para el cometido que se había propuesto. Pero comunitariamente decidieron fuese un matrimonio que desde hacía tiempo esperaban con ilusión tener un bebé. Matrimonio trabajador, de buenos principios, formados por la religión imperante en aquel lejano país. Aquella decisión fue aprobada por la autoridad competente en la aldea.

Pasaron los años y aquella niña iba creciendo y cultivando una formación acertada de sus padres adoptivos, de los que recibía infinito cariño, y la del único colegio que impartía cultura a los pocos niños que había en la aldea. Sus ingeniosas  travesuras, y el cariño que exteriorizaba en todo momento  hacían felices a los aldeanos, que la querían como  su propia hija, y la atendían de  singulares cuidados.

Un día aparecieron en la aldea un grupo de hombres, mujeres y niños sobre carromatos dispuestos a alegrar a los aldeanos montando un pequeño circo en la plaza de la aldea, con un toldo para resguardarse del frío. Habían anunciado una función en la tarde pagando una pequeña cantidad para que todo el mundo pudiera asistir.

La asistencia fue espectacular, pues eran pocas las ocasiones que aquellas gentes podían disfrutar de un espectáculo, y aunque tuviera humildes perspectivas, todos sentían la inevitable curiosidad de conocer algo nuevo. Allí acudió aquella niña, que recientemente había cumplido cinco años, junto con sus padres adoptivos.

Aparte de curiosas piruetas que realizaban niños y mayores sobre un trapecio; también había payasos que imitaban escenas variopintas y estrambóticas; ejercicios de acróbatas que realizaban equilibrios sobre taburetes saltando de unos a otros y realizando singulares peripecias.

El número principal  lo dedicaron a formar un pequeños conjunto musical, compuestos por un violín, viola, acordeón y una flauta. Empezaron amenizando con danzas húngaras, pues se adivinaba su intención de hacer honor a su procedencia, y en los  últimos momentos de su actuación se dispusieron a tocar el Vals de las flores, y la Danza de los ratones, de la obra Cascanueces de Tchaikovsky. Aquellos aldeanos aplaudieron efusivamente, pues gozaban de un significado conocimiento musical,  muy enraizado en su país,  pues los aparatos de radio que no faltaban en cada casa, les acercaban a la civilización no obstante la lejanía en que se encontraban.

Nuestra niña quedó embobada al oír tocar a la joven violinista, y desde aquel día no cesaba en su empeño para que le compraran un violín.

Sus padres tenían escasos medios para complacer a la niña, pero fue tal su deseo de tener un violín y aprender a tocarlo, que se convocó al consejo de padrinos para que les ayudaran. Así fue y pronto decidieron realizar viaje a la capital para hacerse con un violín y ver la posibilidad de que le enseñaran la complicada tarea de tocar tan importante instrumento musical.

Primero tenían que comprobar las aptitudes de la niña para ese noble fin. Hicieron una colecta para que entrara en un pequeño conservatorio como pupila durante un cierto tiempo, para que pudieran observar su virtudes en  maravilloso mundo de la música.

Pasados unos meses en la aldea recibieron  con mucho alborozo que la niña era una gran virtuosa del violín, con mucho talento para continuar su vocación por la música, gracias a la Providencia de haber podido asistir a las interpretaciones de aquellos singulares circenses.

Después de haber padecido sinsabores por el duro esfuerzo en conseguir sus deseos, y sufrir con valentía situarse en un primer plano por los senderos de la música, llegó a comprender lo que puede la paciencia y las ventajas que reportaba el duro trabajo, sobrellevando todas las adversidades con fortaleza, evitando que el miedo se apoderase de su ánimo que era llegar a la cima de su profesión, en honor a las gentes de su aldea natal que habían puesto todas sus ilusiones en ella.

No obstante estaba contenta y fuerte en toda contingencia, pues como persona virtuosa se había entregado a su destino musical.

Todo ello le hizo  gozar de mucha popularidad en los grandes foros musicales, siendo solicitada su intervención en prestigiosas orquestas representando diversidad de obras en los más importantes escenarios de teatros y auditorios musicales del mundo, muy principalmente en el teatro Bolshói de Moscú, escenario por el que sentía especial predilección.

Ya en edad adulta, y consagrada violinista, visitaba con  frecuencia  la aldea que la vio nacer y de la que tanto cariño recibió. Hizo muchas donaciones para mejorar la situación de sus queridos aldeanos, y en todo momento sentían el gozo de oírla por radio cuando les anunciaba que iba a intervenir en algún concierto dentro y fuera de su país, enviándoles entradas para los que quisieran acudir al teatro de la capital de la región. Y todos los años de su vida profesional, en la fecha de su nacimiento, ofreció generosamente, como solista, su intervención en la sede social de la aldea.

P.D. De entre las delicias de la vida, solo al amor le cede la música la plaza, más el amor también es armonía…  Alexander Pushkin

Eugenio

Enero 2019