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Algo sobre mí

Algo sobre mí

Empleado de banca jubilado, amante de la música y la literatura, la naturaleza y las humanidades. Nacido en Guadalajara y conocedor ferviente de la provincia. Actualmente con residencia en Madrid, después de un largo peregrinar por diversas ciudades en razón a mi profesión; que ahora con ilusión trato de vivir esta nueva aventura, pues siempre he creído que la providencia nos ha dado el sueño y la esperanza como compensación a los cuidados de la vida.

27 enero 2020

ALOCÉN: NUEVO VIAJE POR LA ALCARRIA




No se ha de descuidar la vida del cuerpo. La vida del cuerpo es la vida de las sensaciones y de las emociones. El cuerpo conoce la verdadera hambre, la verdadera sed, la verdadera alegría al sol y a la nieve, la verdadera felicidad con el perfume de las flores, en la visión de las lilas en flor, la tristeza, el amor, la ternura, el ardor, la pasión, el odio y el dolor verdaderos. Todas las emociones pertenecen al cuerpo y el espíritu se limita a reconocerlas.

De esta forma se expresaba en una de sus novelas el famoso escritor inglés Lawrence Durrell.

Así hemos de considerar la verdadera emoción y felicidad que sentía aquella encantadora familia que tiempo atrás había disfrutado de la bonita comarca de la Alcarria en la provincia de Guadalajara. Un año más trataban de olvidar, aunque solo fuese por unos días, los avatares de las vivencias personales de cada uno, y vivir en paz y armonía lo mejor posible, pues pensaban que no había nada tan emocionante como empezar algo nuevo, por ejemplo, comenzar un nuevo viaje que tiempo atrás habían proyectado: Pasar parte de las fiestas navideñas en la excelente casa rural que habían disfrutado el año anterior en la villa de Alocén.

Alocén
Alocén

Aquella familia entendía que viajar por muchos lugares y comunicarse con diversas gentes, hace a las personas comprensivas, discretas y amplían sus conocimientos.

Todos sus componentes, once adultos y dos jovencísimos y hermosos niños: un apolíneo mozalbete recién cumplidos los catorce años,  además muy aventajado en el deporte del tenis,  y una vivaracha y alegre niña de nueve,  que siempre consigue ilusionar al conjunto de la familia, con sus gracias y genialidades, ya estaban aposentados en sus respectivas habitaciones.

Habían llegado al atardecer de un día soleado, aderezado  por un viento suave pero fresco en el reciente estrenado invierno alcarreño, donde el buen abrigo no debe  faltar ni las estufas descansar.


Alocén
Alocén


Después de reponer fuerzas, sintieron ilusión por salir a dar un paseo por la tranquila villa, que parecía desierta, pues no se veía un solo transeúnte, pero se olía el intenso humo de  leña quemada en las estufas y chimeneas.

Alocén

Alocén

Alocén

Nuestros personajes iban bien abrigados y con las bufandas hasta los ojos para no sentir el  frío que por momentos  estaba arreciando,  pero no desistían de su empeño en darse una lección de firmamento del que tan deseados estaban.

Se presentaba una noche de magnífica luna llena, con extraordinaria luz plateada, que se reflejaba en las extensas aguas del pantano de Entrepeñas, próximas a la villa en que se encontraban. Ahora su caudal gozaba de bastante más volumen  que en años anteriores de escasas lluvias y de trasvases a otras regiones de España.

Así pues, nuestros personajes podían disfrutar de un completo escenario, en su conjunto, y especialmente por la bella contemplación de un cielo limpio de nubes pero espléndido de infinitas estrellas, planetas y constelaciones. Estaban admirados al observar la grandeza de un firmamento en aquellos apartados lugares, limpios de contaminación y de otras luces que lo impidiera.

Era un bonito espectáculo que en la ciudad no les era posible apreciar, del que gustaban disfrutar aquella feliz familia en cuantas ocasiones se desplazaban a recónditos rincones de la geografía española.  Una vez más salían en  comparsa hacia campo abierto, apartados de las luces de la población que les acogía, para apreciar más profundamente la grandiosidad que a su expectante vista se les ofrecía.

Era una bella y tierna escena comprobar que toda la familia estaba ensimismada en la contemplación de un espectáculo poco visto en los lugares donde vivían; pero el frío de aquella primera  noche alcarreña les hizo retornar al hogar que les había  preparado con todo esmero y detalles, los encantadores dueños que regentaban el establecimiento rural, Rosa Teresa y Victor, tan interesados siempre en atender cuanto se les solicitara. Por lo que todo estaba listo para disfrutar los días que tenían concertado hasta primero del año nuevo. El edificio estaba caldeado adecuadamente y se dispusieron a pasar un rato de diversión antes de ir a descansar, pues uno de la familia, que se distinguía en temas relacionados con la electrónica y otros derivados, y solucionador de las carencias que sufrían los que peinaban canas, les iba a preparar todo un espectáculo de cine sobre la pared, como si de una pantalla grande para proyección se tratara. Momentos felices que pequeños y los demás de la familia solían disfrutar.


El día siguiente de su llegada, habían decidido hacer una excursión a la villa de Chillarón del Rey, que se avistaba al otro lado del pantano, y que en el anterior  viaje no les había dado tiempo de visitar. Era otro de los lugares bonitos de la comarca alcarreña, con mucho encanto y con vistas, también excepcionales, de las aguas del pantano de Enstrepeñas, en esta ocasión incrementado su caudal gracias a las bonancibles lluvias otoñales. Por los alrededores realizaron la clásica escapada de senderismo descubriendo muchos rincones con encanto. Regresaron a la hora de la parrillada que les esperaba para saciar sus inquietudes gastronómicas. Por allí pululaban, maestros y aprendices parrilleros con el buen ánimo de agasajar a toda la tropa familiar


Chillaron del Rey
Chillarón del Rey

Por la tarde, para aprovechar el corto espacio de luz solar en esa época del año decidieron recorrer la villa de Alocén y sus alrededores, y disfrutar del agradable día soleado. De aquellos momentos felices el fotógrafo oficial de la familia, que aunque no venga a cuento, pero creo interesante contar, se trata de un redomado amante de la pesca por el Cantábrico, y de los faros de España y de parte del extranjero, que en su página web goza de buena colección de ellos con su historia y aspectos técnicos. Mucho tendrá que ver haber nacido y criado por la costa asturiana. También se divertía fotografiando todos los rincones de la villa y de las perspectivas que le brindaba el bonito paisaje que se observaba desde aquel lugar privilegiado. Según comentaba al final de la estancia en Alocén, había realizado cerca de quinientas instantáneas, con las que podía  realizarse una honrosa exposición.


Alocén



Alocén
Alocén
Alocén



Alocén
En el segundo día por la Alcarria, el flamante hombre de leyes de la familia, que conseguía prestigio ganando pleitos, había sugerido hacer una ruta por la zona del pantano de Buendía. Gran senderista junto con su consorte, y apasionados por recorrer la geografía patria y gran parte del extranjero; posiblemente ya solo  los dos polos de la Tierra les quedaba por recorrer. Buendía es el pantano de mayor extensión de la provincia  junto con el de Entrepeñas.  Situado en el cauce del río Guadiela, afluente del Tajo. La presa está cerca de la villa conquense que le da nombre, y sus aguas riegan varias villas de las provincias de Guadalajara y Cuenca. Hundidos bajo sus aguas se encuentran los pueblos de Santa María de Poyos y el Balneario de La Isabela, inaugurado en tiempos del rey Fernando VII.


Pantano de Buendía

Con las aguas de los dos embalses, cuyo caudal es de los más importantes de España,  se abastece al trasvase Tajo-Segura.

Entre enormes farallones transcurría la ruta que se iniciaba desde la base de la mencionada presa, por un camino paralelo al citado río Guadiela, descubriendo rincones de encantos inolvidables, divisando sobre  el cielo el vuelo de gran número de buitres leonados, por lo que les parecía encantadora la ruta propuesta.

Después de varios kilómetros de senderismo, decidieron  retornar hasta donde habían dejado los coches, pues el instinto de una nueva parrillada les recordaba el próximo almuerzo a una media hora en recorrer cerca de cuarenta kilómetros de distancia hasta Alocén.


Los mayores  citados de la familia, valorando sensatamente sus fuerzas, habían decidido quedarse a pasear por la villa y sus inmediatos alrededores. Ya estaban pendientes de la llegada de los más aguerridos al senderismo, y con veterana agudeza cuidaron de que los complementos para el almuerzo estuvieran debidamente  preparados.


Alocén

Por la tarde noche fue todo un festival de color y música en honor y recuerdo  del mozalbete que recientemente había escalado la verde colina de sus encantadores catorce años. En el día de su cumpleaños ya lo habían celebrado en compañía de la familia de su progenitor en la ciudad de Gijón. Ahora lo celebraban de nuevo con la colaboración de las jóvenes damas de la familia, a las que tan bien se les daba amenizar esos momentos felices, y todos lo vivieron con mucho entusiasmo y entretenimiento, especialmente los menores.
  
Al siguiente día decidieron acercarse a conocer la  villa cercana de Pareja que se divisa  desde Alocén, situada también al otro lado de las extensas aguas del embalse de Entrepeñas. Se trata de un municipio ribereño que ha tenido mucho movimiento turístico desde los años en que se construyó el famoso complejo hidráulico. Cuenta en su término de varias urbanizaciones que tienen pantanales propios donde poder atracar pequeñas embarcaciones a vela principalmente.

Pareja

Pareja

Lago de Pareja

En la villa pueden apreciarse restos de la muralla de su antigua fortificación, donde se encontraban  villas romanas. También cuenta con un área recreativa formada por con azud o enorme lago, cerca del referido embalse, y es considerada otra de las villas más bonitas de la Provincia de Guadalajara.

Pasearon por sus calles y visitaron la iglesia parroquial, pero donde estuvieron disfrutando más tiempo fue en el lugar de deporte y esparcimiento, donde hay  embarcadero para pequeñas barcas de recreo, playa para bañarse y buen lugar para hacer senderismo por el camino alrededor del lago.
Urbanizaciones

En la tarde, después de almorzar mediante otra barbacoa dirigida por el maestro parrillero, tan especializado en sus artes gastronómicas, como en preparar con  mucho agrado de toda la familia espectáculos de pelis y música, decidieron, los más valientes que todavía les quedaban fuerzas para seguir haciendo senderismo, caminar hasta el famoso mirador situado por encima de la villa de Alocén a un kilómetro aproximadamente de distancia, para observar el paisaje extraordinario de aquella parte de la  comarca Alcarreña y del pantano de Entrepeñas en particular.


Pantano de Entrepeñas desde el mirador

Pantano de Entrepeñas desde el mirador

En el mirador
Se atrevieron a continuar andando otros tres kilómetros para acercarse a la villa de El Olivar, otro lugar con encanto, que cuenta con varios miradores desde donde se divisan extraordinarios paisajes y especialmente con amplitud las aguas del citado pantano y sus estribaciones que se adentran entre altos peñascos e inmensos bosques de diversas especies, especialmente de pinos.
Se les hizo de noche al regreso en mitad del camino,  y pudieron avistar varios jabalíes cruzando la carretera, procurando con prudencia no intimidarles por el peligro que pudieran correr. Una experiencia más que pudieron contar a los que habían quedado al calor del dulce hogar.



 El Olivar
Al día siguiente, final de año, fecha especial y última noche de su estancia en Alocén, toda la familia se prometía disfrutarlo con especial intensidad. Observaron por las calles que la  población de la villa estaba más animada.  Había un ambiente especial en la plaza donde se iba a celebrar la fiesta de fin de año, como en años anteriores, y en esta ocasión  mejorado con especiales preparativos a las órdenes de su laborioso y agradable Alcalde del Ayuntamiento. Habían colocado una gran carpa en la plaza mayor  para hacer más llevadera la asistencia de los invitados, tratando de paliar el frío que se esperaba llegada la noche,  no obstante el cielo limpio de nubes con un sol radiante durante el día, tan poco habitual en aquellas fechas invernales. También iban a estrenar varios recipientes metálicos o bidones, a modo de estufas,  donde encenderían leños  para calentar a los asistentes. La fiesta se extendería hasta varias horas después de las campanadas anunciando el nuevo año, y toda la población estaba dispuesta a celebrar en paz y armonía la entrada del año nuevo.

Aquella feliz familia anticipaba la cena para estar puntuales en la fiesta que se preparaba a nivel colectivo en la referida plaza mayor de la villa. Las damas mayores, cocineras ilustradas por su larga experiencia, llevaban las riendas del evento gastronómico, por lo especial  de aquella mágica noche, con las féminas más jóvenes de ayudantes para llevar a buen término la excepcional comida de nochevieja, deseando lucir sus especialidades para que todos disfrutaran de una noche tan peculiar.

Cercana la media noche todos estaban preparados para acercarse a la brillante plaza, donde el edificio del Ayuntamiento y la Iglesia parroquial, que presidían aquel hermoso lugar, lucían espléndidas galas de luces y colores queriendo acompañar en un abrazo solemne las ilusiones y esperanzas de un pueblo anhelante de paz.

Alocén

Alocén
No faltaban  las uvas de la suerte y confetis para todos, y preparado el champan, la sidra y otras bebidas, y también diversos dulces, y música para después amenizar el ambiente.

Allí estaban todos juntos, como debe de ser para un pueblo que se considere hermanado con sus gentes, donde predomine la concordia, el amor y los buenos sentimientos, para que se  disipen las discordias y otros grandes  males que los humanos a veces nos complicamos la vida estúpidamente, olvidando la deseada paz y entendimiento entre sus gentes, que debe predominar en nuestras vidas, y encontrar el verdadero destino que se nos ha dado para ser felices.

Unos siguieron hasta que la fiesta terminó y otros regresaron antes para descansar y comenzar el nuevo año con ánimos renovados. Esperaban con ilusión la fiesta que se les brindaba desde Viena con el extraordinario concierto musical de todos los años y que tanto les agradaba, pues la música compone y serena los ánimos, y también concilia las relaciones humanas.

Era el final de una etapa que aquella familia recordaría siempre por los gozos recibidos, y con la  esperanza de que la Divina Providencia les permitiera poder disfrutar una vez más de tan hermosas vivencias por la comarca de la Alcarria y otras tierras de la provincia de Guadalajara.

Eugenio

Enero de 2020
   


30 noviembre 2019

HISTORIA DE UN ABUELO Y SU NIETO



El octogenario Octavio, asomado en la terraza de la casa en la que vivía con su hijo Lucio, su nuera Clara  y su nieto Cesar, contemplaba el cielo desde temprana hora de la mañana y se maravillaba de aquel alborear tan distinto de días anteriores que habían padecido de muchos nubarrones, con serias tormentas que inundaron las calles de la ciudad de Guadalajara. Ahora eran sus ideas que afluían a borbotones en su veterana cabeza aderezada con escasos cabellos plateados. Se mostraba triste y preocupado  por los acontecimientos de toda índole  que se estaban produciendo en nuestro País y por la esencia de su propia vida y la de su familia, apreciando serias dudas sobre el horizonte de tiempos venideros.

Había decidido salir a pasear con su nieto, aquel sábado del mes de Mayo víspera del  aniversario de su nacimiento. El cielo prometía un hermoso día. La luna pálida en un rincón del cielo, destacaba, sin embargo, en el campo gris azulado del inmenso  universo. Algunas nubes se extendían en el horizonte con aspectos desiguales de un bello azul, y los rayos del sol intentaban abrirse paso entre rosadas nubes, para florecer un nuevo día por el lejano levante.

Después de desayunar decidieron pasear hasta el Parque de la Concordia,  con más de 150 años de larga historia. Es un lugar de encuentro de gentes variopintas, especialmente de mayores que  charlan animadamente, y con frecuencia exponen sus lindezas en competir sobre sus males; de jóvenes enamorados, y de niños con sus juegos. Todos amenizan con su presencia los hermosos jardines, con el bien trazado de sus diversos paseos alfombrados a un lado y a otro de bonitos diseños de rosales y otras plantas, con variadas  y sinuosas lomas de césped.  En el centro del espacioso lugar destaca un artístico kiosco donde se celebran conciertos de bandas musicales. También luce una bonita y luminosa fuente  elevando con fuerza diversos chorros de agua hacia el cielo.

Después de un rato de contemplación del entorno, con cierta nostalgia el veterano Octavio comentaba a su nieto, que la mayor  parte de las personas, especialmente los que ya tenemos avanzada edad,  nos quejamos de la maldad de la naturaleza, porque nos ha engendrado para un tiempo tan breve y porque la vida corre tan veloz, tan rápida, que si exceptuamos a unos pocos, a todos los demás les priva de ella en el preciso momento en que se aprestan a vivirla. Pues bien es cierto que hace falta una vida para aprender a vivir.
Así se manifestaba en la charla con su nieto, que más parecía un monólogo, al que le confesaba que no le había entusiasmado el haber traspasado, la que él llamaba con cierta ironía, línea roja del grupo  de los ochenta.

Para animarle, su nieto trataba de convencerle que no debía de caer en  desaliento, porque otros estaban peor que él, además por el mucho cariño que recibía de su familia. En su próximo cumpleaños se lo iban a demostrar  ofreciéndole un destacado homenaje: un almuerzo familiar en un distinguido restaurante de la ciudad.  Un regalo especial, que él desconocía (se trataba de un reloj de pulsera de prestigiosa firma suiza, que su nieto no le quiso descubrir). También  tenían reservada la asistencia, acompañado de la familia, a un espectáculo musical en el Teatro Auditorio Buero Vallejo, donde estaban representando el Sombrero de Tres Picos y el Amor Brujo de Manuel de Falla, y la Suite Iberia de Isaac Albeniz, músicos por los que sentía verdadera admiración. Así mismo, manifestó su nieto que se le había gestionado la estancia en un balneario de los que el Imserso tiene programados para el dorado mundo de los jubilados, donde siempre encontraba feliz esparcimiento.

En tiempos pasados, antes de fallecer su esposa, eran asiduos en acudir a los programas de termalismo, que el citado Organismo organiza anualmente.

No obstante los momentos en los que sentía  cierta tribulación y nostalgia, estaba feliz con su familia por las atenciones que de ellos recibía, pero especialmente preocupado por su menguada salud en los últimos años. Pensaba y los transmitía con cierta preocupación, pues observaba tener disminuidas sus posibilidades físicas, para avanzar en la aventura de la vida con el optimismo que siempre había demostrado. Significaba el no poder realizar normalmente deseados paseos, como lo hacía anteriormente, recorriendo la ciudad de Guadalajara, y observar con deleite  sus riquezas monumentales e históricas; así como viajar por la provincia, especialmente acompañado de su querido nieto Cesar, con el que tenía una comunión, no solo familiar, también de compañero de fatigas en los viajes y confidente de sus tribulaciones desde que quedó viudo, y se acentuó su tristeza y soledad. No obstante, fue atenuado por el cariño mutuo que sentían.

Tiempo atrás recorrieron juntos buena parte de la ciudad y de la provincia, disfrutando de las cosas bellas que iban descubriendo.

Octavio recordaba con entusiasmo sus largos recorridos por el norte de la provincia, visitando los bellos pueblos de la ruta de la Arquitectura Negra del Parque Natural  de la Sierra Norte, que engloba las sierras de Ayllón y Pela, y los espacios de la Tejera Negra, con el macizo de Pico Lobos y Cebollera, continuación del Sistema Central, que limita con las provincias de Madrid, Segovia y Soria. Uno de los lugares más montañosos de la comarca, destacando el famoso pico Ocejón, el más alto de la provincia de Guadalajara con más 2.000 metros de altitud, al que se atrevieron subir, no con poca fatiga del abuelo queriendo competir con su nieto, que contaba entonces con 14 años.

También le dejó buen recuerdo los días que pasaron en una casa rural en el pueblo de El Cardoso de la Sierra, limítrofe con la Comunidad de Madrid, a pocos kilómetros del famoso Hayedo de Montejo, los bosques de haya más meridionales de Europa, con rincones de inolvidable belleza y encanto.

Su nieto también le recordaba con cierta admiración las cosas hermosas que descubrieron en sus viajes, recorriendo la Reserva Natural del Alto Tajo, en la zona de Molina de Aragón, con sus numerosos arroyos y ríos, destacando el Tajo y Gallo, formando impresionantes barrancos y profundos valles, dando un aspecto de serranía de singular belleza. Observaron con admiración rincones hermosos e inesperados, como el Barranco de la Hoz, en el río Gallo, formando  el Parque Natural del Alto Tajo, que junto con el Hayedo de Tejera Negra en la zona norte, forman los dos parques naturales que goza la provincia, ambos de gran belleza por lo agreste del paisaje.

Así mismo no olvidaba los momentos felices vividos  por la extensa comarca de La Alcarria, la que ha dado mucha fama por la producción denominada Miel de La Alcarria, a nivel nacional e internacional.

Y el viaje inolvidable por  tierras de Extremadura, en recuerdo de su abuelo y del familiar de uno de sus amigos, oriundo de la ilustre villa de Barcarrota, lugar de gran riqueza histórica.

También extendieron sus ricas vivencias por la Mancha, concretamente por la ciudad de Tomelloso,  en honor y recuerdo igualmente de otros buenos amigos.

El joven nieto también recordó el extraordinario viaje que realizaron  a Grecia toda la familia, y el ensueño fantástico que tuvo en la noche anterior al viaje.

Cesar que estaba en el ecuador de su carrera universitaria de turismo, también recordó el largo paseo que realizaron por la ciudad, especialmente, por el Palacio del Infantado, joya arquitectónica más importante y representativa que la familia de los Mendoza ha legado a la capital alcarreña, y simboliza el arte y la historia de Guadalajara.

Muchos recuerdos  afluían por la mente joven de Cesar,  pero no llegó a concluir otros más, porque sentía que su abuelo estaba a punto de derramar alguna lágrima. Llegando el mediodía, decidió sugerir a su abuelo caminar  hasta un conocido  bar cercano y tomar unas copas con el deseo de  animarle. Allí charlaron animadamente de todo lo humano y divino, de los momentos actuales y principalmente por el futuro de Cesar, por el que su abuelo estaba  muy orgulloso, por sus buenos sentimientos  y destacados  principios.

Al rato siguieron camino hacia el barrio limítrofe  de San Roque, donde la calle principal es peatonal.  Había desaparecido la casa en la que habitó Octavio durante muchos años, poco tiempo después de haber llegado a Guadalajara procedente de su tierra extremeña, en su lugar se había construido un  edificio moderno. El paseo estaba cambiado con algunos  otros edificios modernos, con varios bares, cafeterías y restaurantes, pero quedaba la esencia del encantador paseo antiguo de los guadalajareños.

Después pasearon por sus bellos y modernos jardines, e  idílicos estanques donde nadaban patos  y cisnes, y reinaba la paz y el sosiego. Tomaron asiento cerca de la histórica ermita del santo que lleva el nombre del barrio, y con vistas al famoso Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, uno de los monumentales mausoleos funerarios más grandiosos del País.

Estaban pensativos ambos personajes disfrutando de aquellos momentos, con la bonita perspectiva que les rodeaba. Pero al rato el abuelo Octavio, como si estuviera ensimismado en sus pensamientos, dijo a su nieto:

-Querido Cesar, no puedes imaginar lo que agradezco tus buenas intenciones y las de tus padres por cuanto hacéis por mí, y nunca lo olvido, pero la vida me ha enseñado reconocer  que generalmente olvidamos la caducidad humana, sin reparar que la naturaleza es inexorable en aplicar sus misterios, que nos hacen  sucumbir al rigor del destino, por lo que todos  caminamos hacia el mismo fin, pues no hay nada eterno y pocas cosas duraderas, que todo lo que tuvo principio ha de tener su fin.

-No obstante, mis tribulaciones se disipan y la felicidad me acompaña cuando estoy con mi familia y con mis buenos amigos, que la enriquecen por los momentos venturosos que paso con todos, y consigo liberarme de los temas que me causan tribulación. También gracias al sueño y la esperanza que la Providencia me ha dado como compensación,  viviendo experiencias especiales con la música y la  literatura.

-Y por último, Cesar, si algún día ves que ya no sigo, no sonrío o callo, solo te pido que te acerques a mí y dame un beso, un abrazo o regálame una sonrisa, con eso será suficiente.

Su nieto afectado por el melancólico mensaje del abuelo, con su mejor intención de animarle,  le recordó el bonito y reconfortante poema -NO TE RINDAS- del famoso escritor Mario Benedetti:

“No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.

“No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.

“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.

“Porque existe el vino y el amor, es cierto, porque no hay heridas que no cure el tiempo, abrir las puertas quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron.

“Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.

“No te rindas por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,  aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque ésta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, porque te quiero.

Con lágrimas en sus ojos, el abuelo Octavio se levantó y se fundió en un abrazo con su nieto.


Eugenio

Noviembre 2019