Octavio mira con interés
el crepúsculo vespertino que se apaga lentamente en el cielo frío de la comarca
alcarreña previa a la llegada de la primavera, que se observa algo conmovedor
en los humanos cuando la madre naturaleza despliega de pronto toda su pujanza,
dando pasos a días de más luz y sol, despertando de su letargo invernal e
invita a los seres vivos a proyectar y renovar la vida con nuevo optimismo e
ilusión. Cuando gallardea, se engalana y tiñe de infinitos matices, los humanos
se sumergen, irresistiblemente, en el embrujo del compromiso y el amor que
despierta la inminente primavera, portadora de optimismo, color, ilusión y
esperanza.
¡Hay que ver como la alegría
y la felicidad hermosea, como hierve de sentimientos el corazón, como si
quisiera que todo se regocijara, que todo riera, y qué contagiosa es la alegría!
Aquella noche se prestaba
espléndida: el cielo raso, estrellado, y la luna bañaba la tierra con su pálido
fulgor. Todo resultaba tan bello, que la vida le parecía agradable.
Así le decía a su nieto
Oscar: -Ya veo en ti, de un tiempo a esta parte, tu febril alegría, desde que conociste
a esa bella alcarreña de cabellos de oro, y brillantes ojos como estrellas que
destellan el amor radiante en la verde colina de su juventud.
Mucho gozo sintió cuando su nieto le comunicó
la noticia de sus esponsales con aquella linda joven con la que mantenía una
relación desde hacía tiempo, y de la que estaba profundamente enamorado. Por
razones económicas habían retrasado su dulce sueño matrimonial. La boda estaba
proyectada para principios del verano, y aquel joven mozo estaba exultante por
poder llevar a cabo su deseada aventura matrimonial, gracias en parte a la
ayuda económica de su abuelo.
No obstante, el abuelo
Octavio presentía que a partir de esos momentos felices, sus salidas por la
provincia se iban a ver menoscabadas, en las que encontraba mucha ilusión y
cierta felicidad. Confesando que, desde que se jubiló, su ilusión principal
era disfrutar de las encantadoras
poblaciones y de los infinitos paisajes que les brindaba la provincia de
Guadalajara, y también las salidas especiales que hacían, visitando los bonitos
y extraordinarios monumentos que contiene la capital.
Y le comentaba a su nieto:
-Pero ahora lo prioritario es que veas realizados tus sueños, que yo plantearé nuevas
aventuras con mis amigos, aunque sean limitadas, y tampoco pierdo la esperanza
que en alguna ocasión podamos hacer turismo junto con tu amada alcarreña, a la
que también pueda interesar conocer las bellezas que tiene Guadalajara y su
provincia.
-Asimismo cultivo la buena
y verdadera amistad con mis antiguos amigos, que se acrecienta aún más en el crepúsculo de la
vida de las personas, cuando sus almas son crisoles de los más buenos
sentimientos-
-Claro abuelo, que no
debes subestimar que yo en cuantas ocasiones pueda estaré dispuesto para seguir
haciendo turismo contigo-
-Además Cesar, te
confieso, que no se ha de descuidar la vida del cuerpo, que es la vida de las
sensaciones y de las emociones. Pues el cuerpo conoce la verdadera alegría al
sol y a la nieve; la verdadera felicidad con el embriagador perfume de las
plantas del campo; en la contemplación de las flores en primavera; observar la
grandiosidad del infinito firmamento, y
la inmensidad de los océanos-
-Y en especial poder
reconocer la divina creación de nosotros mismos, como lo más extraordinario que
podemos disfrutar de nuestras vidas. También la tristeza, el amor, la ternura,
el ardor, la pasión y el dolor verdadero. Todas las emociones pertenecen al cuerpo
y el espíritu se limita a reconocerlas-
Así mismo manifestó a su nieto que le gustaría
realizar una salida por la capital para asistir al Teatro-Auditorio Buero
Vallejo, donde se iba a representar el próximo fin de semana obras de la
familia Strauss, cuyas creaciones líricas, especialmente sus famosos valses,
admiraba desde que sintió la atracción de la música.
Tenía intención de invitar
también a los padres de Cesar, y por supuesto a su querida chica, obsequiando a todos con un almuerzo en un distinguido
restaurante de la capital, celebrando la feliz noticia de su futuro matrimonio.
Aprovechando aquellos
felices momentos que disfrutaron de buena música y excelente almuerzo, también
sugirió a su nieto la posibilidad de que el fin de la semana siguiente hicieran
nueva salida turística por la comarca norte de la provincia, para conocer la
zona del Valle Salado en el partido judicial de Sigüenza, donde existen
explotaciones salineras históricas, dignas de ser visitadas, y por supuesto las
poblaciones que existen por aquel entorno que gozan de bellos paisajes.
Y así fue, que la semana indicada para aquel nuevo viaje madrugaron el sábado, que les agració con un sol espléndido, limpio el cielo de nubes, partiendo hacia la ciudad de Sigüenza, donde pararon para desayunar en el impresionante castillo que preside en lo alto de la población. Desde donde se aprecia el bonito espectáculo de aquella ilustre e histórica población, que con razón diría el abuelo que bien merecía otra visita, no obstante ya conocerla en ocasiones anteriores.
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Desde la ciudad seguntina
partieron hacia su destino, parando a los pocos kilómetros en la villa de
Palazuelos, lugar de mucho encanto y larga historia.
Un rato en Palazuelos es pasar momentos en la Castilla de la familia de los Trastárama y los Mendoza que dirigieron los destinos de Castilla del siglo XV.
Palazuelos obsequia al visitante con muchos rincones para ver y admirar. Rodeada en todo su perímetro por murallas, excepto algunos tramos que se encuentran destrozados, y en ellas se abren cuatro puertas. Destacando el castillo junto al pueblo, que fue construido en la segunda mitad del siglo XV, atribuida su construcción a los impulsos de don Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, y de su hijo Pedro Hurtado de Mendoza, ilustres familias de procedencia alcarreña.
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También destaca la monumental iglesia dedicada a San Juan Bautista, del siglo XVI.
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Después siguieron su
camino hacia las tierras de la sal. Por el Valle del Salado que se encuentra a poca distancia de la ciudad saguntina, comarca salinera por
excelencia, dentro de la amplia zona de la llanura que discurre a lo largo del
citado río Salado, que con sus aguas dio pie a la formación en el valle de
decenas de explotaciones salineras producto de la desecación de las aguas
cuando todo ese territorio se encontraba ocupado por ellas. Un mar que llegaba
hasta grandes extensiones en el interior de la península, y que dejó en las
entrañas de aquella comarca, con su desecación, lo que habría de ser con el
paso de los siglos una de las principales riquezas, no solo del valle también
de la provincia de Guadalajara: la sal.
Agrupa su extensión, en
torno al valle del río salado, diversas poblaciones de las comarcas de Atienza
y Sigüenza, y de la explotación de la
época medieval. También son conocidos numerosos asentamientos prehistóricos
encontrados en el entorno del valle, de los que quedaron necrópolis como la de Cerro Pozo, en Atienza.
También en esta zona se
encuentran paisajes sagrados de gran belleza, que se han construido a lo largo
de los siglos y hoy tienen el mensaje legendario añadido a su nombre, así como
el Santo Alto Rey, la montaña sagrada que media entre Bustares y Albendiego, ya
narrado en otra anterior aventura turística, o la cueva de Montesino en Cobeta,
y el Barranco de la Hoz, en la comarca de Molina de Aragón, con claros signos
de sacralidad.
Destacando también el paisaje sagrado de Santamera, pequeña población que se encuentra entre altos cerros calizos, junto al curso del río Salado; formando parte de ese paisaje que quiere ser reconocido, por su continuada pureza e integridad, y es actualmente candidato a Patrimonio Mundial de la Unesco.
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Que goza de grandes alturas, como el cerro Padrastro y la montaña sagrada de la Espiná. Con cavernas talladas y superficies que denotan población activa en siglos prehistóricos, y la constatación de la presencia de eremitas en el cañón del Salado, y en el cercano barranco del Hocino. Todo ello de singular belleza que enamora al visitante.
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Así pues, la primera
visita que hicieron nuestros personajes fue por aquella población y su término
tan especial, en el que disfrutaron cuando se siente estar gozando ante el
esplendor de lugares que resaltan por su singular belleza.
La pequeña villa de Santamera tiene escasos vecinos en la actualidad. Está situada en el centro mismo de una soberbia sartén de rocas en ambas orillas del río Salado, y su iglesia parroquial del siglo XVI, situada en un alto, dedicada a Santa María Magdalena. En resumen, Santamera es el culmen de la espectacularidad en el bravo paisaje de sorprendentes desfiladeros.
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Después decidieron acercarse a otra población de las inmediaciones situada a unos 15 kilómetros, llamada Imón, donde existe una casa rural y allí almorzar y pernoctar esa noche del sábado.
En esta población de unos 25 habitantes, se encuentran las famosas salinas que en tiempos pasados llegaron a ser las más productivas de España. Se conoce su explotación desde el siglo XII, y fueron declaradas propiedad de la corona por el rey Alfonso VII de León, conocido como el Emperador, entre los años 1126 y 1127.
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Goza de unas salinas de agua consideradas de las mejores de la península, con cinco norias en continuo funcionamiento. Las aguas que se extraen, procedentes del río Salado, son depositadas en varios estanques en los que se forma la sal por la evaporación al calor del sol.
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Esta villa está situada
sobre una ladera en la margen derecha del referido río Salado, y se la conoce
principalmente por las explotaciones salineras.
Bajo el señorío de los reyes de Castilla, con el aprovechamiento
intensivo de sus afamadas salinas, fue especialmente cuidado y protegido por
los sucesivos reyes durante la Edad Media, y más aún durante la Monarquía
absoluta, al estar bajo el control real.
Nuestros personajes
visitaron aquel original entorno, y el principal monumento de la villa que es
la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que goza de un buen
retablo mayor del siglo XVI.
Y al medio día almorzaron
en la casa rural, que la población brinda al turista que con cierta frecuencia
les visita, dejando cubierta la reserva para pernoctar aquella noche.
Esa tarde decidieron hacer una pequeña ruta por el embalse de El Atance, formado por el cauce del río Alcolea, que bajo sus aguas quedó hundido el pueblo que lleva su nombre, y fue inaugurado en el año 1997 para el riego de las tierras de la comarca. Está situado a unos 15 kilómetros, cercano a la población de Santiuste, que aprovecharon para visitar y especialmente observar los enormes riscos de sus inmediaciones donde anida los buitres leonados.
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Tuvieron momentos de mucha calma en aquella pequeña población de 15 vecinos. Pararon ante la fuente pública construida en 1884, todo un capricho de seriedad y elegancia, que los lugareños, con cierto orgullo, presumen de ser de las más bonitas y mejor conservadas de la zona.
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A la caída de la tarde,
cuando el sol se perdía sobre los altos cerros en el cercano horizonte, retornaron a la villa de
Imón, y después de una ligera cena pasaron a descansar a su habitación, pues se
encontraban cansados después del intenso ajetreo que habían vivido en su
primera jornada turística.
En la mañana del domingo se acercaron a otra pequeña villa del valle del río Salado, también pedanía de Sigüenza, llamada Riba de Santiuste, que tiene 15 habitantes, al que le da cierta notoriedad su formidable castillo, del siglo XII, que se extiende sobre la cima de un cerro labrado en rocas.
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Cuenta la historia, que
este impresionante enclave fue ocupado por gentes iberas, y que los árabes
construyeron el castillo como vigilancia sobre el valle. En tiempos futuros
tuvo importantes contiendas, hasta que en la guerra de la independencia los
franceses lo dejaron desvalijado en el año 1811. También goza de importantes
explotaciones salineras procedentes de las aguas del ya citado río Salado que
trascurre por su término.
El castillo se trata de
una fortaleza árabe de un gran valor histórico, como vestigio de Edad Media
feudal, cuyas viejas murallas han sido escenario de importantes acontecimientos
históricos. Significando que cuando en el año 1085 se reconquistó la ciudad de
Toledo, cayó todo el territorio en poder del rey de León Alfonso VI. El acceso
a esa fortaleza se puede realizar a través de un camino escoltado de la
muralla, por el franco norte.
De la arquitectura de la villa resalta el conjunto de la Plaza mayor, la Iglesia Parroquial del siglo XVI y el Ayuntamiento, que le da categoría monumental al ámbito urbano. Esta población también goza de tener una distinguida casa rural con vistas a su famoso castillo, y capacidad para 12 personas.
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Después de haber
disfrutado una vez más del encanto de aquella zona, y haber conversado con sus
sencillas y amables gentes, retornaron a media mañana a la villa de Imón, para
recoger las bolsas que habían dejado con lo necesario para pasar la noche, y
regresar de vuelta hasta un restaurante camino hacia Palazuelos, donde tenían
como referencia, para degustar en el almuerzo una buena ración de cabrito asado
típico de la zona.
Después, para evitar alguna
somnolencia en carretera, como consecuencia del buen almuerzo, decidieron dar
un paseo a lo largo de un camino que se perdía hacia un bosque, donde pararon a
descansar sobre unos maderos, repasando la aventura vivida, y en un momento el
abuelo Octavio comentó lo siguiente:
-Y ahora Cesar, te quiero
comentar que las vivencias que hemos tenido han sido de gran placer, y se puede
invitar a los que aman la naturaleza para que intenten hacer un hueco en sus
corazones y su tiempo para vivir estas experiencias por la bella provincia de Guadalajara. En esta ocasión,
una vez más, hemos disfrutado respirado a pleno pulmón el aire puro, de las aguas
cristalinas, de la inmensidad del firmamento en las noches claras, y la
serenidad que se siente en lugares sin ruido alguno y solo abrazados por la
inmensidad de la naturaleza en estado virgen-
-Así es abuelo, que
nuestros viajes dejan buen recuerdo, por los momentos felices que siempre
venimos disfrutando, pues sus vivencias enamoran.
Eugenio
Marzo 2026

















